Luis Alegre

Luis Alegre

Hace poco vi Plácido, el clásico de Berlanga. Me pareció fantástica. Una búsqueda en Internet me acercó a Rafael Azcona, su guionista. Otra búsqueda por Azcona me llevó a Luis Alegre, periodista que fue amigo tanto de Azcona como de Berlanga. La tercera búsqueda, esta sobre Luis Alegre, me dijo que había sido co-director, junto con David Trueba, de La silla de Fernando, uno de los documentales que más he disfrutado en los últimos años. Alguien con esas amistades tendría cosas interesantes que contar. No me equivocaba…

 

por Antonio Montesinos

 

Hay entrevistados que tienen un carisma especial. En muchos casos un magnetismo personal que determina las simpatías que despiertan en los demás. ¿No crees que ese encanto puede esconder muchas cosas?

Pues sí. El carisma camufla debilidades en muchos casos. Es una de sus ventajas: te otorga la capacidad de dar gato por liebre. Incluso de poder esconder tus flaquezas. Hace poco entrevisté a Felipe González. Nunca había entrevistado a ningún político como él. Cuando lo tienes cerca adviertes que las debilidades que pueda tener, que las tiene, quedan en un segundo plano. El brillo que tiene te intimida y hace que no seas tan incisivo.

Luis María Ansón dijo que cuando mandaba a sus periodistas de ABC en el mismo avión que Felipe lo hacía con la orden explícita de que buscaran sus puntos oscuros para poder atacarle. A la vuelta del viaje los periodistas comentaban que les parecía cruel hacer eso porque se trataba de una persona encantadora de la cual no podían hablar mal.

Fíjate que Luis María Ansón fue uno de los líderes de aquel sindicato del crimen que se movió para expulsar del gobierno a Felipe González, y a pesar de eso ha dicho públicamente de él que es el político español más importante del siglo XX. Estamos hablando de un caso de carisma muy poderoso, con la facilidad que esa capacidad otorga para hacer pasar inadvertidas otras cosas.

¿Se hablaría igual de Felipe González si hubiera hecho lo mismo que hizo pero sin ese magnetismo tan potente?

No. Sin duda. Hay aciertos objetivos de Felipe González que los aplauden hasta sus enemigos, pero sin ese carisma se le perdonarían menos todos sus errores. Todo aquello de la guerra sucia, la corrupción, meterse a consejero de Gas Natural… Hay mucha gente que perdona esas cosas precisamente por esa capacidad de seducción. Cuando lo tienes delante da la impresión de ser alguien noble a pesar de todo. Según esto, a Felipe González la gente le disculpa más cosas que, por ejemplo, a Aznar. Alguien que no tiene nada de carisma y que es fácil que caiga mal.

José Antonio Barroso me dijo en una entrevista que paseando por la Habana se tropezó con una de las pocas manifestaciones anticastristas que uno se puede encontrar en aquel país. Al poco apareció la policía y detrás de ellos un Jeep con Fidel Castro que se bajó y se puso a conversar con los manifestantes. Cuando terminó la charla Fidel se marchó entre los gritos de los manifestantes que coreaban su nombre.

Es otro caso de enorme magnetismo personal. Esto lo reconocen hasta sus mayores enemigos. Fidel Castro es un dictador y es verdad que su carisma hace que mucha gente lo mire de otra forma. Es un poco peligroso. Yo lo reconozco… Ese influjo que tiene produce en mí cierta admiración, pero por otro lado reconozco que es un dictador que ha sometido al pueblo cubano a todo tipo de horrores utilizando la mentira. Fíjate que ese punto de admiración que puede aparecer con Castro yo sería incapaz de tenerlo con un dictador de derechas. La verdad es que es un asunto que me da que pensar. Aquí tengo que hacer autocrítica. A Pinochet yo le niego el pan y la sal y sin embargo a Fidel Castro, aún reconociendo que es un Tirano, puedo encontrarle algo admirable.

¿Podría pasar lo contrario? Es decir, gente sin carisma que por esa falta de encanto personal no consigan evidenciar sus virtudes…

Claro. Hay muchísimos casos. Por ejemplo, esto es típico de gente que se mueve en el mundo de la ciencia. En ese entorno hay mucha gente anónima, humilde, oscura y cuya aportación al avance de la humanidad ha sido tremendo. Después están los personajes anodinos pero que sin embargo han tenido mucha influencia. Me estoy acordando de José María Escrivá de Balaguer, alguien que lo veías en sus apariciones públicas y era de lo más plano. Se trata de alguien que tenía carisma no por lo que decía, sino por lo que significaba.

El mismo Franco…

Es el ejemplo perfecto. Un señor gris, átono y aburrido y sin embargo fíjate lo que hizo…

Sí, pero quizás aquí aparece el concepto de autoridad basada en el miedo.

Pío Moa dice que Franco es uno de los mejores políticos de la historia de la humanidad (risas). Para mucha gente Franco es un referente por lo que representa.

Quizás uno de los ejercicios que tenemos que hacer como espectadores es tratar de ver a la persona sin la máscara del personaje…

Pues sí, pero no es una tarea fácil. Si es hábil, puede ayudar el entrevistador.

¿Quién es la persona más interesante que has entrevistado?

Hay varios, pero gana Fernando Fernán-Gómez. El ser humano más deslumbrante y genial que he conocido.

¿Y los otros?

Rafael Azcona. Es un ser único. Alguien que desprende un brillo especial. Igual que Berlanga. Yo me quedaría con esos tres: Fernando Fernán Gómez, Azcona y Berlanga.

¿A quién te hubiera gustado tener delante?

A mucha gente… Pero mira, si me hubieran dado la oportunidad de entrevistar a Francisco Franco me hubiera parecido muy interesante. Un ser que está en mis antípodas, pero con el que hubiera apetecido tener una conversación. De los vivos me quedo con Woody Allen. Es una persona que siempre tiene cosas sugerentes que decir. Mi amigo Fernando Trueba lo ha entrevistado y me confirma que se trata de alguien con un cerebro privilegiado. Además de que es alguien que parece honesto. Da la sensación de que no te está engañando. Es lo mismo que pasaba con Fernando Fernán Gómez. Cuando hablabas con él tenías la impresión de que te estaba contando realmente lo que en ese momento se le pasaba por la cabeza… que no se estaba inventando nada, que no trataba de engañarte…

Sin embargo hay gente que da esa sensación cuando hablas con ellos y sin embargo está mintiendo. Volvemos a los grandes seductores…

Sí, es verdad. Hay gente que llega a engañarte aquí también. Pero también es cierto eso de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Al final el embaucador queda retratado. De eso te das cuenta con el tiempo. Yo conocía a Fernando desde hacía muchos años y siempre fue igual. Nunca le pillamos ninguna mentira. Era así de manera natural. Otra persona igualmente natural y honesta es El Gran Wyoming. Fernando Trueba dijo una vez algo estupendo: los miserables siempre acaban ensuciando su propia biografía. El que tiene tendencia a mentir, por muy bien que lo haga, siempre acaba descubierto.

Te doy una serie de nombres, todos de gente que has entrevistado, y me das tu impresión personal…

Perfecto. Pero tengo que decirte que no voy a ser objetivo ya que la gente que he entrevistado normalmente la he escogido yo y, por lo general, han sido amigos míos o gente que me caía bien.

Carlos Boyero.

Uno de mis grandes amigos. Por cierto, otro de esos personajes que va por ahí diciendo lo que piensa. A mí eso me resulta irresistible. Carlos es capaz de criticar negativamente las películas de sus amigos si no le han gustado. Eso no es lo habitual. La crítica está muy contaminada por las impresiones que producen los creadores y en el caso de Carlos eso no es así. Al margen de eso me parece una persona con una visión del mundo que me interesa y de la que soy cómplice. Le tengo mucho cariño. Es difícil hablar mal de los amigos.

José Luis Borau.

Otra gran referencia de mi vida. Personal y cinematográfica. Uno de los casos más extremos de amor al cine que yo he conocido. Un amor que lo llevó a la ruina. Un enamorado de la cultura. Un niño grande. Un cascarrabias entrañable. Adorable, generoso, atento. Alguien que estuvo muy presente en mi vida.

Labordeta.

Otro que siempre decía lo que pensaba. Cuando envió a la mierda a los políticos del PP puso voz a los pensamientos de un montón de gente. Una de las personas más bondadosas y auténticas que he conocido. Un crack total. Alguien de mi familia.

Álex de la Iglesia.

Lo conozco desde que empezó en el cine. Fue un flechazo. Compartimos el amor por Berlanga, Azcona y Fernán Gómez. Apareció en el cine español como un soplo de modernidad introduciendo elementos de la ciencia ficción, el terror, la aventura futurista, el cómic… y todo con un enorme respeto por el cine español tradicional. Es el que de una manera más afinada ha sabido mezclar todos esos elementos. Sus conocimientos de filosofía también han ayudado, por supuesto. Es un tipo brillante. Inteligente. Divertido. Recuerdo que cuando le hablé de El extraño viaje, de Fernando Fernán Gómez, no la había visto. Ese mismo día, que partía hacia Bilbao, se quedó en mi casa y la vimos. Quedó deslumbrado. Tanto que quiso conocer a Perico Beltrán, el guionista, y luego a Julio Alejandro, el guionista de Viridiana, y a Rafael Azcona. Se los presenté y disfrutó una barbaridad. Ese episodio nos unió para siempre. Fíjate que otros directores de cine no tienen esa formación. El mismo Alejandro Amenábar no la tiene. Amenábar bebe más del cine norteamericano, Spielberg y otros, pero no de las raíces de nuestro cine. A persar de eso Amenábar es un súper director, ojo. Santiago Segura es otro que también tiene esa mezcla de lo moderno y lo clásico.

Antonio Gasset Dubois.

Uno de los tipos más graciosos que he conocido. De llorar. Lo adoro. Marcó un estilo de informar sobre cine. Es una de mis debilidades.

David Trueba.

Mi hermano. Es esa familia que tú eliges. David y su hermano Fernando. Han sido tan generosos conmigo, me han dado tanto… Es gente con la que siempre merece la pena estar. Busco cualquier motivo para vernos porque siempre es una alegría. Es gente culta, divertida, cariñosa, cómplice y bastante deslumbrante… Ya te digo, parte de mi familia.

Llegamos a Fernando Fernán Gómez. Háblame de La Silla de Fernando.

Hicimos la película en un momento en que la precariedad en el cine no era tan evidente como ahora. Hoy se hacen muchas películas con muy pocos elementos precisamente empujados por la situación, pero entonces no era así. Fue un proyecto en el que no queríamos influencias de ningún tipo. Libertad absoluta, por lo que no pedimos ayuda a nadie. No tenía subvenciones. Por no tener, no tenía ni productor. La hicimos para nuestro propio disfrute y placer. Pensamos que ese hombre tan brillante debía pasar a la historia, aparte de por su faceta de actor, por ese don tan genial que tenía: el don de la conversación. No sólo son las cosas que decía, sino cómo las decía. David siempre dice que es de los proyectos de los que más orgulloso está.

Además, el mérito es múltiple Luis. Cuando hoy los productos audiovisuales parecen condenados a seguir el esquema de la sociedad del espectáculo: todo tiene que ser breve, sofisticado, gracioso, dinámico y comercial, vais vosotros y plantáis una cámara delante de un señor mayor para que hable. Nada más.

Sí, la apuesta era bastante radical. Nosotros solemos decir que La Silla de Fernando es nuestra aportación al cine espectáculo, porque no hay mayor espectáculo que escuchar hablar a Fernando.

¿Las preguntas estaban consensuadas con él o fue todo improvisado?

Le propusimos anticiparle las preguntas, pero dijo que ni hablar. Que perdería toda la gracia. Así que todo lo que se ve es espontáneo. Algunas de sus respuestas pueden ser tachadas de machistas por algún sector talibán del feminismo, pero nosotros no lo vemos así. Se trata de una expresión de sinceridad brutal. Fernando habla de cómo los hombres se sienten atraídos por la belleza femenina. Así, tal cual. Lo que no deja de ser cierto. Que, de entrada, se sintiera atraído por mujeres guapas por encima de cualquier otra circunstancia me parece una afirmación totalmente honesta. Y es algo que ocurre mucho más a menudo de lo que mucha gente puede, o quiere, pensar.

¿Cuántas horas de grabación tenéis?

Grabamos 22 horas en diez sesiones. De ahí salió la película. En los extras del DVD hemos incluido dos horas adicionales de charla con Fernando.

¿Se estrenó en salas?

Sólo en Madrid, Barcelona y Zaragoza.

¿Qué tal la taquilla?

Pues para el tipo de película que era no estuvo mal. Después salió el DVD.

¿Cómo es que no habéis repetido la experiencia con otros personajes?

Esa era la idea. Después de Fernando se lo propusimos a Rafael Azcona. Como Azcona ya había visto la de Fernando nos dijo que el listón estaba demasiado alto (risas). Siempre decía que no era alguien lo suficientemente interesante. Eso lo definía muy bien. También se lo propusimos a Concha Velasco, pero no cuajó. Alguien nos propuso que lo hiciéramos con Julio Iglesias, pero tampoco se decidió.

Es una pena que formatos como este queden tan lejos de lo que se puede ver hoy en los cines. Y no digamos en televisión…

La entrevista larga está condenada, lo que me parece una lástima. Más aún que esto no tenga cabida ni siquiera en televisiones públicas.

Recuerdo el programa A fondo, presentado por Joaquín Soler Serrano. Entrevistas de hora y media con gente como Borges, Alberti, Dalí, Alejo Carpentier… y se emitía en TVE.

Una pena. Hoy sería impensable. Que una televisión pública gaste dinero en programas diarios del corazón durante años y años y que no sea capaz de buscar espacio para entrevistas en profundidad… Y sí que hay público para eso. Internet puede ser un refugio estupendo para ese tipo de entrevistas

Sería interesante hacer lo mismo con gente anónima. Hay desconocidos con unas historias tremendas…

Mi madre, sin ir más lejos. Tiene casi 89 años y cuenta unas historias geniales. Hace poco mi hermana se fue de vacaciones a Asturias y desde allí me mandó al móvil una fotografía que se acababa de hacer. En cuanto la recibí se la enseñé a mi madre. Se quedó mirando la foto y me preguntó: -¿Esta foto de cuándo es? -De ahora mismo, le respondí. -¿De ahora mismo? Pero si tu hermana está en Asturias. Le dije que sí, que se acababa de hacer la foto y que nos la mandaba por el teléfono. Se queda un rato en silencio mirando la pantalla y a continuación me suelta: -Desde luego, no comprendo cómo todavía hay gente que no cree en Dios (risas).

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