Enrique Gallud Jardiel

Enrique Gallud Jardiel

Enrique es doctor en Filología Hispánica. Comparte su vocación por las letras con su amor por la India, de la que ya nos habló en otra entrevista hace un año. Es hijo de actores y nieto de Enrique Jardiel Poncela, del que hereda su visión sarcástica de la realidad. Acaba de publicar un libro titulado Historia estúpida de la literatura con el que pretende desmitificar una disciplina a la que muchas veces se ha cubierto de un halo de seriedad innecesario. Un atrevimiento. Aunque él dice que el atrevimiento es de la editorial (Renacimiento-Espuela de plata) que aparte de su libro ha rescatado el clásico Las mil peores poesías de la lengua castellana, de Jorge Llopis. Hemos hablado de humor y de letras. 

 

Por Antonio Montesinos

 

¿La literatura de humor es poco seria?

Desde Aristófanes al Arcipreste de Hita el humor ha estado siempre en la literatura. Es cierto que hay un prejuicio en contra de la literatura humorística. Se entiende erróneamente que la literatura seria es de más calidad. Quizás porque se asocia el humor con el chiste fácil. La verdad es que el humor es difícil de hacer. El ser primitivo no se ríe. Para buscar la risa hace falta inteligencia, para los juegos de palabras hace falta inteligencia, lo mismo que para los dobles sentidos… Para hacer parodia literaria, que es a lo que yo me dedico, tienes que conocer muy bien el modelo. Si te burlas de algo tienes que conocerlo. Fíjate que en Grecia daban la misma importancia a lo trágico que a lo cómico. El drama es más fácil de hacer: muy mal tiene que estar contada una tragedia para que no nos conmueva. Sin embargo hacer reír es otra cosa.

Intentar ser gracioso tiene un riesgo enorme…

No hay nada más triste que alguien que pretende hacer reír y no lo consigue. El humor tiene su técnica, que se puede aprender, sin embargo hay que servir para eso. Igual que se puede aprender a medir y rimar y no todo el que sabe hacerlo es poeta, todo el que intente hacer reír no tiene por qué ser gracioso.

También es importante la dosis.

Claro. Fíjate en las frases que los humoristas han difundido por televisión. Por ejemplo, aquello del te das cuen... Tienen fecha de caducidad. Si te pasas ya se hace pesado. Hay que saber utilizar el humor en su medida.

Vámonos al otro extremo, Enrique. ¿La pose seria no esconde muchas veces cierta impostura?

Puede ser. Lo que sí es cierto es que la seriedad crea una barrera. Aporta distanciamiento. Voy a más… La gente mala, por llamarla de alguna forma, es esencialmente seria. La gente que ha hecho algo malo casi siempre lo hace desde la seriedad. La gente que cree seriamente en algo es propensa a ese tipo de excesos. Por ejemplo, la gente que entra en disputa por cuestiones religiosas es gente que cree seriamente en esos preceptos. Cuando te tomas demasiado en serio determinadas cosas las consecuencias pueden ser desastrosas. Tomarse demasiado en serio el concepto de patria nos puede llevar a enfrentamientos con otra gente a la que le pasa lo mismo. No hace falta poner ejemplos. Quien sabe reírse de la patria, o incluso de la religión, difícilmente podría entrar en conflicto con sus semejantes por estos asuntos.

¿En muchos casos no se fuerza la pose de seriedad para conseguir cierto halo de calidad?

Sí, hay gente que actúa así, aunque para decir cosas serias no hace falta ser necesariamente serio. Se pueden decir grandes verdades en tono de humor. Ahí tienes a Quevedo. Fíjate que los escritores satíricos normalmente se han llevado muy mal con el poder. Intentar dar una capa de seriedad a todo lo que se hace es querer ganar una respetabilidad que a lo mejor no se tiene. Hay que desconfiar un poco de aquellos que son escesivamente serios.

Los únicos que se pueden reír del rey delante del rey son los bufones.

Claro. Es un privilegio de los que se dedican al humor. Aunque tiene sus riesgos (risas).

En tu libro haces un experimento muy curioso. Escoges aleatoriamente una serie de sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios con cierto aroma poético, los mezclas al azar y el resultado es, cuando menos, sorprendente…

Eso ya lo hicieron los vanguardistas en su época. Se puede decir que dentro de la subjetividad de la literatura hay un elemento de fraude como puede haberlo en ciertos elementos del arte abstracto. Si algo no se entiende automáticamente se supone que existen significados ocultos que todos desconocemos. Eso te lo pueden vender de muchas formas…

Volvemos a la impostura.

Claro. Sobre todo cuando te lo venden como una obra de arte de mucho mérito y que las mentes normales no alcanzan a comprender. El arte es comunicación y dentro de este mundo hay mucha gente que no entiende nada y que no se atreve a decir esto es incoherente. Ante este panorama hay muchos que, antes de decir no lo entiendo, lo alaban de manera sistemática.

En el fondo, tu libro es una denuncia de todo esto.

Sí. Mi intención es desmitificar sin quitar mérito a quien lo tenga. Muchas veces estamos ante gigantes con pies de barro. De todas formas está hecho con cariño. Muchos de los autores a los que, entre comillas, ataco, son gente que me ha hecho pasar muy buenos ratos. La parodia no es más que ver la literatura desde otro punto de vista donde las cosas aparecen con otra dimensión. La parodia permite vislumbrar los elementos de cotidianeidad e incluso los defectos de las obras que previamente nos han vendido con cierto halo de grandeza.

Te atreves incluso con Cervantes…

Por supuesto. Cervantes es una de mis bestias negras (risas). No digo que esté sobrevalorado con respecto a sí mismo, pero sí quizás con respecto a otros escritores de su época que me siguen pareciendo mejores y que no tienen tanta fama. Quizás a Cervantes se le ha dado más gloria de la que merecía. A lo mejor El Quijote no es esa maravilla que tiene que encantar a todo el mundo.

Tu abuelo destacó en el teatro del absurdo. Esa es otra forma de poner de manifiesto todo esto que tú denuncias…

Más que absurdo, lo que hacía mi abuelo era inverosímil. A diferencia del absurdo, en el fondo las obras de mi abuelo tenían una lógica interna. La vida, tal y como se nos presenta, es aburrida y para sacarnos de eso mejor buscar lo distinto.

También tuvo problemas con la censura franquista. ¿El poder es compatible con visiones alternativas de la realidad?

El poder no se lleva bien con nada que lo cuestione. Lo hagas en serio o en broma. Esto llega al extremo cuando el poder se ve ridiculizado. Si consigues ridiculizar al poder estás a un paso de que la gente le pierda el respeto. Y eso es intolerable. Menos aún por un poder represivo basado en el miedo. Un poder así podría soportar el odio pero no la burla. La burla hace que el poder pierda toda su autoridad, por lo que resulta inaceptable.

Esto que cuentas nos lleva a pensar cómo el poder se sustenta en gran medida en una imagen autoconstruida que se encarga de alimentar de muchas maneras. Una imagen ficticia que, en cierta forma, garantiza su legitimidad de cara a los ciudadanos.

El poder se encarga de perpetuar una serie de valores que define como eternos, monolíticos e invariables. Cuando alguien propone una visión distinta ya estás atacando a esa estructura. Si te ríes de alguien estás, de alguna manera, manifestando que no te da miedo.

Llama la atención cómo la literatura sarcástica hace uso de la mezcla entre lo sublime y lo vulgar.

Es un recurso muy utilizado. Se llama cambio de nivel. Interrumpir una frase elegante con un elemento vulgar tiene un efecto cómico.

Este recurso también podría tener una segunda lectura y es que todo lo que consideramos sublime puede contener elementos vulgares y viceversa, ¿no?

Efectivamente. Nos invita a poner las cosas en perspectiva. En el ser humano se mezcla lo vulgar con lo sublime y esto es algo que no podemos olvidar.

En el fondo la literatura cumple su papel de ofrecer una visión distinta de lo que conocemos por realidad. ¿No crees que es sano plantearse las cosas desde un punto de vista distinto al habitual?

Ese es el objetivo de la literatura humorística, lo que ocurre es que no todo el mundo lo entiende así. Se le acusa de ser una literatura escapista, de evasión… Cualquier visión de las cosas que te haga plantearte la realidad desde otros puntos de vista no deja de ser algo demoledor. El humor es transgresión.

La Historia y la Filosofía se diferencian en que la Historia cuenta cosas que no conoce nadie con palabras que sabe todo el mundo, en tanto que la Filosofía cuenta cosas que sabe todo el mundo con palabras que no conoce nadie. Lo dijo tu abuelo.

Sí (risas). Mi abuelo tenía una visión muy crítica de la realidad. En el fondo se trata de eso, de cómo miramos a las cosas.

Esto enlaza con tu otra afición, que es la India. La filosofía hindú hace mucho hincapie en esa visión más relativa de la realidad, en mirar las cosas con cierta distancia, en buscar cierta mirada libre de prejuicios, en rehuir esas visiones monolíticas y estereotipadas a las que tan acostumbrados hemos estado.

En efecto. Es otra forma de ver el mundo. Todo se plantea más a largo plazo y las cosas que nos pasan no son tan importantes como muchas veces pensamos. Por otro lado ellos desplazan el eje del bien y el mal al conocimiento y la ignorancia. Nos dicen que el objetivo del hombre, antes que ser bueno, es ser listo. Aquel que busca el conocimiento y la sabiduría obtiene la bondad de manera automática.

Esto, al igual que la literatura de la inverosimilitud de la que hablabas antes, es muy rupturista.

Las religiones del libro priman la sumisión a Dios antes que el amor al conocimiento. El núcleo del mensaje oriental es que el mal parte de la ignorancia y que el sabio, por definición, se aparta del mal. Por otra parte, las religiones del libro replican muchas de las estructuras de poder de las que hablábamos antes: existe una única visión de la realidad y quien la cuestiona se ve castigado para toda la eternidad. Desaparece el libre albedrío, se condenan las propuestas alternativas…

Y se pierde el sentido del humor…

Alguien que se ríe de algo es porque no le tiene miedo.

Podría parecer que todo esto es algo superado en los tiempos que corren…

Debemos mantener una visión alternativa de la realidad y rehuir aquello de hacer las cosas simplemente porque siempre se hicieron así. El progreso es aquello que se encarga de desmontar este estado de cosas. La tradición por la tradición no se sostiene. La esclavitud, los enfrentamientos por motivos religiosos o nacionalistas y otro tipo de cosas han sido tradicionalmente muy populares y el paso del tiempo las ha mantenido vivas en muchas culturas hasta que alguien dice NO. Siempre hay que plantearse por qué se hacen las cosas. El mundo es cambiante y hay que saber cambiar con él.

¿Se cambia siempre para mejor?

No. Pero lo que no podemos hacer es quedarnos quietos ante el miedo al fracaso. Si nos equivocamos siempre tenemos la opción de rectificar.

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