Jenny Moix

Jenny Moix

En sus clases de la universidad anima a los alumnos a realizar tres minutos de ejercicios para fortalecer la atención y la concentración. En principio no sabía cómo iban a responder, pero la iniciativa ha tenido mucho éxito. Me dice que en muchas ocasiones evita utilizar el término meditación, ya que es una palabra que se está vulgarizando en exceso. Escribe habitualmente en El País y es autora de los libros Cara a cara con tu dolor (Paidós Ibérica) y Felicidad flexible (Aguilar). 

 

Por Antonio Montesinos

 

¿Somos como somos a nuestro pesar?

Hay una parte nuestra que es más automática y después hay otra más lúcida. Yo diría que somos automáticos a nuestro pesar. El piloto automático es nuestro modo de funcionamiento durante la mayor parte del tiempo y condiciona nuestra vida. Después está la parte lúcida. Esa parte es capaz de ser consciente de esos automatismos, pero para eso hay que entrenarla.

¿Se puede dar el caso que creamos estar en modo racional cuando es justo lo contrario?

Cuidado con la palabra racional. Muchas veces me asusta oirla. Cuando alguien dice que ha pensado algo racionalmente habría que analizarlo con mucho cuidado. ¿De qué premisas parte?… Somos muy torpes haciendo inducción y deducción. Me provocan desconfianza aquellos que lo justifican todo aludiendo a la racionalidad de su pensamiento. Mucha de esa gente no tiene en cuenta la tremenda influencia de factores inconscientes como la emoción o los prejuicios. Esos factores empapan la vida y normalmente no estamos acostumbrados a detectarlos.

Está demostrado que muchas de nuestras decisiones están basadas en aspectos emocionales que luego intentamos justificar de manera razonada…

Así es. Fíjate en todas las decisiones relacionadas con el sexo. La mayoría responden a ese patrón. Actuamos según nuestros impulsos y después buscamos explicaciones que nos sirvan. Nos encanta tenerlo todo justificado. Nos gusta tener la casa ordenada, pensar que somos coherentes.

Incluso algunas investigaciones relacionan la actividad de ciertos neurotransmisores con la tendencia al pensamiento progresista o conservador. La biología condicionando la ideología.

He escrito muchos artículos en El País y el único que me ha generado correspondencia ‘bomba’ fue uno en el que hablé de esto. A la gente le gusta oír que somos dueños de nuestra vida, que las decisiones las tomamos nosotros, que somos libres de elegir… La predisposición genética es un hecho y nos dice que la vida es injusta porque nacemos con unas tendencias marcadas. Ojo, que estoy hablando de tendencias, no de determinismo ciego. Es cierto que hay gente con tendencia a la depresión, a cierto tipo de ideología, a cierto tipo de comportamientos… A la gente no le gusta escuchar esto, pero es algo que cada vez está más claro.

De tábula rasa nada…

Nada de nada.

La falibilidad de nuestros procesos automáticos está ampliamente demostrada. Pensar las cosas detenidamente y aplicar criterios racionales basados en la evidencia y el pensamiento crítico se ha demostrado eficiente en estos casos. ¿Eso significa que debemos desconfiar de los consejos de la intuición?

Nuestros procesos inconscientes son rápidos y creativos. Cuando estamos pensando algo de manera sosegada, el inconsciente nos vuelca en nuestra pantalla de pensamiento montones de ideas. Unas nos sirven y otras no. Algunas de esas ideas pueden ser muy válidas aunque no hayamos llegado hasta ellas de manera racional. El inconsciente no para. Siempre está ocupado. El mismo Albert Einstein dijo en más de una ocasión que otorgaba mucha importancia al pensamiento intuitivo. Pero por otro lado esa intuición también se equivoca. Cuando conocemos a alguien la primera impresión nos hace pensar que puede ser simpático, desagradable, interesante o aburrido. Muchas veces esa primera impresión es errónea. Se hizo un experimento en el que se presentaban distintos rostros a los participantes. Cada rostro iba acompañado de un adjetivo. El experimento se había diseñado de tal forma que los rostros acompañados de adjetivos positivos tenían todos una peca en algún sitio de la cara. Al repetir el experimento, esta vez sin adjetivos, la mayor parte de la gente valoró positivamente las caras con peca. Funcionamos por asociación y no podemos librarnos de esto. Por otro lado, hay días que te despiertas y, sin ni siquiera estar pensando en nada, aparece una idea que te soluciona un problema de trabajo que llevabas días sin poder resolver. A veces incluso en sueños aparecen esas ideas. Ahí está la anécdota del sueño de Kekulé que lo llevó a descubrir la estructura de la molécula de benceno.

¿Cómo discernimos si estamos ante un despropósito o ante una idea válida?

Buena pregunta. Yo creo que lo mejor es tomar nota de todo y después quedarnos con lo que nos resulte más útil. Por decirlo de otra manera, debemos potenciar nuestro papel de espectadores. Es decir, observar sin tomar partido.

¿Ser testigo de todo ese tráfico de ideas?

En efecto. No es un proceso sencillo. Dejarse llevar por las intuiciones, sensaciones e impulsos que genera nuestra mente puede llevarnos fácilmente a actuar de manera inconveniente. Para no vernos arrastrados por ese torrente lo primero que hay que hacer es identificarlo.

¿Cómo?

Tomando distancia. No es fácil, pero es posible.

Me suena a los principios de la meditación y las filosofías orientales.

Está muy relacionado.

¿No es este un camino resbaloso? Por un lado los postulados del pensamiento oriental encierran una lógica evidente en relación a estos asuntos, pero por otro se trata de un terreno que atrae poderosamente a charlatanes y gurús de las pseudociencias con ganas de embaucar al personal.

Tienes razón. De todas formas ten en cuenta que si empresas como Google, Respsol, Starbucks y otras muchas están gastando mucho dinero en que sus ejecutivos sigan estas prácticas es que algo de positivo tienen. Parece una tontería, pero no lo es. La pela es la pela. La gente cuando medita rinde más. Acabo de dirigir una tesis doctoral sobre este tema donde hemos realizado experimentos muy controlados con médicos de atención primaria. Después de un entrenamiento en meditación durante ocho semanas los resultados han sido muy positivos. Existen muchos estudios que demuestran los beneficios de estas prácticas. Y no sólo a nivel personal, incluso se han revelado cambios a nivel cerebral en los practicantes asiduos. La meditación desarrolla la atención y la concentración. Y sí, ayuda a identificar nuestros procesos de pensamiento automático.

¿Todo el mundo lo entiende así?

La meditación se puede explicar de muchas formas. Incluso como una técnica psicológica pura y dura. En el fondo no es más que eso, aunque esté rodeada de un aura de esoterismo y pseudociencia. Yo la explico en la universidad cuando damos el tema de la atención. No hace falta hablar de espiritualidad ni de nada parecido, ya que en el fondo es una técnica mental. Igual que existe la relajación como algo totalmente aceptado en el ámbito de la psicología, con la meditación pasa lo mismo.

Sí, pero habitualmente el gran público la relaciona con otras cosas…

Las técnicas de meditación surgen en el ámbito de las tradiciones religiosas, por lo que no pueden escapar a la influencia de lo espiritual. Ese envoltorio que la rodea, en el caso del budismo, incorpora una serie de valores que pueden ser muy positivos. Por ejemplo el hecho de no juzgar tus pensamientos y, por extensión, los de los demás; vivir el presente; el desapego… Desde la psicología todas estas cosas son bastante sensatas y, de hecho, también las contamos los psicólogos con otras palabras. Por otra parte la meditación ha derivado en un conglomerado de intereses que la convierten en una especie movimiento mágico donde aparecen términos como energías vitales, conexión con el universo, etc… No me gusta todo eso. Ahí ya cabe de todo. Aparecen los charlatanes y los que meten en ese saco un montón de conceptos vacíos y engañosos.

¿Tú la practicas?

Sí.

¿Qué tal la experiencia?

Bien. He notados cambios mínimos pero interesantes. Por ejemplo, paso mucho tiempo delante del ordenador y, como todo el mundo, mi pensamiento se va por las ramas constantemente. Desde que practico meditación me sigue pasando, pero soy algo más consciente. Soy más capaz de darme cuenta y volver sobre lo que estaba. Como te decía, se trata de educar la atención. Si me permites te voy a hablar de un amigo que ha pasado recientemente por un episodio trágico en su vida. Ha perdido a una hija de 19 años en un accidente de tráfico. Este hombre no sabe lo que es la meditación, sin embargo me contaba algo muy relacionado con lo que la meditación supone. Me decía que ha podido superar este episodio gracias a su capacidad para ver los fantasmas que le asaltaban en muchos momentos. Me contaba que era perfectamente consciente de cuando aparecía el sentimiento de culpa que le hacía preguntarse constantemente y de manera enfermiza lo que había hecho mal. Que era capaz de ver cuándo aparecían los reproches que le atacaban constantemente… Ser consciente de todo eso le servía para apartarlo y evitar un sufrimiento excesivo.

¿Lo habría entendido si le hubieras hablado de meditación?

No lo sé. Lo cierto es que consiguió de manera autodidacta algo que la meditación propicia mediante el entrenamiento. Hay gente que cuando oye hablar de meditación enseguida la relaciona con todo el envoltorio espiritual del que hablábamos antes y recela de ella. Pasa lo mismo que con la hipnosis. Muchas veces, los que nos dedicamos a divulgar sobre psicología tenemos más problemas para encontrar la forma correcta de explicar las cosas antes que decidir el tema del que vamos a hablar. Los prejuicios nos apartan de la realidad.

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