Rodrigo Juan García

Rodrigo Juan García

Me llamó la atención la dedicación de Rodrigo a integrar las nuevas tecnologías en el proceso educativo. Es uno de los impulsores del Portal Innova y luchador, desde hace años, por dar visibilidad a las experiencias educativas que ahondan en la autonomía e iniciativa del alumno. Recalca la importancia de la relación entre escuela y familia en un proceso donde el principal ingrediente a veces queda en segundo plano: la motivación. 

 

Por Antonio Montesinos

 

¿Cómo está la educación?

No está mal. Y me explico. Ten en cuenta que en nuestro país hemos tenido no hace mucho un índice de analfabetismo tremendo. La educación, el conocimiento y la cultura no ha sido algo que hayamos cultivado de manera tradicional. Recuerda que en los años 50 y 60 en España había una masa de población importante con un nivel de conocimientos muy bajo. Incluso algunas regiones de España no han conseguido la plena escolarización hasta finales del siglo XX.

Pasar de esta situación a competir con países de tradición anglosajona o calvinista es un reto. En esos países hace mucho tiempo que la lectura y la escritura se han promovido desde la infancia. Aquí el prestigio no ha recaído en el más culto, o el más leído, sino en el más bruto o el más pícaro. Y esto se refleja incluso en nuestro sistema político. Venimos de la tradición latina.

¿Todavía arrastramos esa mentalidad?

Por supuesto. No nos vamos a librar de eso tan fácilmente, y menos todavía cuando las opciones políticas que estamos manejando se centran en buscar ideas viejas y plantearlas como nuevas. La autoridad del profesor no es algo que haya que buscar promulgando leyes.

Me pisas la pregunta: educación y política.

En España se han hecho muchos esfuerzos por modernizar el sistema educativo, lo que ocurre es que con cada cambio de gobierno se desmonta lo que hizo el anterior. Una locura. Se crea una ley orgánica y a continuación se genera una situación de revanchismo con una ley contraria. Y en medio de todo los alumnos. Y no sólo eso… también se culpa al profesorado. Esta locura de leyes educativas no lo explica todo, pero sí una gran parte. Ten en cuenta que la ley educativa de Alemania tiene 30 años de vigencia con modificaciones parciales. ¡Treinta años!

Entonces, ¿por qué decías al principio que no estamos tan mal?

Pues no estamos tan mal si miramos de dónde venimos, pero queda mucho por hacer si miramos al futuro. Ahora pretendemos cambiar el sistema buscando en el baúl de las fórmulas viejas. La motivación de los alumnos queda a un lado y se vuelve a aquello de o lo haces por narices o ya verás… Así no llegamos a ninguna parte. Si nos vamos a los países donde la educación funciona y contamos estas cosas se ríen de nosotros.

Volvemos a la mentalidad…

En efecto. En Finlandia los padres pueden solicitar asistir a las clases de sus hijos para comprobar en vivo qué tipo de educación reciben, cómo actúa el profesor, qué cosas les dice a los niños… Y la presencia de los padres en la clase se acepta con total normalidad. Con esto creo que ya está todo dicho.

Los políticos también son producto de esa mentalidad tradicional nuestra.

Efectivamente. Nuestros políticos son parte de nuestro pueblo y, por lo tanto, replican nuestros defectos como pueblo. Si miramos lo que ocurre en otros países verás políticos con mucha cultura, bien formados, que hablan idiomas… Ponte a escuchar a los políticos españoles. Da pena. El profesor Enrique Tierno Galván igual hablaba con los jóvenes sobre la movida que se ponía a discutir en latín con el papa. Podrías estar de acuerdo con él o no, pero tenía un fondo cultural que te hacía pensar que era un hombre con sólidas bases para la reflexión.

¿Las familias se implican lo suficiente en la educación de sus hijos?

Es un tema complicado. Por un lado la familia es una institución fantástica para echarle la culpa de todo. Esa costumbre de echarle la culpa al otro también es algo muy nuestro. Muy carpetovetónico. El gobierno le echa la culpa a las familias y a los profesores y las familias se la echan a los alumnos. Si cada uno asumiera su parte de culpa a todos nos iría mejor. Por otra parte es verdad que la participación de la ciudadanía en la educación no es todo lo activa que sería deseable. También hay que decir que en muchas escuelas a las familias se les ve como intrusos. No te creas que los centros están tan abiertos a las familias como pudiéramos pensar… Excepto algunos casos, las familias pueden llegar a ser una molestia. Muchos profesores ponen el horario de entrevistas con los padres a las 12 de la mañana. Fantástica estrategia para dedicar esa hora a otras cosas. También es cierto que hay otros profesores que la ponen a las cinco o las seis de la tarde. Volvemos a lo de la mentalidad. No hay tradición de participación en este país. Las AMPAS casi no tienen filiación. Puestos a buscar culpables podemos decir que la culpa está muy repartida.

Me refería al papel de la familia como elemento que refuerza en casa lo que el alumno aprende en el centro.

Se considera que el alumno va a clase a adquirir conocimientos técnicos y que los profesionales que deben hacer eso son los profesores. Entonces la familia queda un poco para poner al niño guapo, disfrazarlo en carnaval, llevarlo y traerlo. Hoy sabemos de sobra que la educación es mucho más que meter conocimientos en la cabeza de los niños. Se trata de motivarlos, de despertar en ellos la pasión por el saber, de inculcarles el pensamiento crítico y riguroso, de interesarlos por lo nuevo… Y en eso la familia tiene un papel esencial. En este caso los contenidos son algo secundario.

Explícame mejor esto…

Te pongo un ejemplo. Hablando con un profesor de historia comentábamos cómo para él lo más importante eran los conceptos básicos de los grandes momentos históricos: el industrialismo, la Revolución Francesa, etc. Hablando con uno de matemáticas me destacaba los polinomios y ecuaciones. Tuve la osadía de preguntar al matemático por los elementos básicos de la Revolución Francesa y el industrialismo y al historiador por los polinomios y las ecuaciones. Ambos no pasaron de vagas explicaciones (risas). Ninguno se acordaba de aquello que aprendieron en el instituto. Lo único que les ha quedado de aquella época, si es que algo queda, es el interés por buscar el conocimiento. Eso es lo que debe perdurar: las ganas de aprender por uno mismo, de buscar opiniones con sustento, de dialogar y debatir para aumentar nuestro conocimiento de las cosas. ¿Qué es más importante, empeñarnos en meterle a los niños en la cabeza la división de polinomios o despertarles el deseo de aprender por ellos mismos? Esto es algo muy sutil. La motivación es algo que se transmite por la actitud del tutor y si se refuerza en la familia habremos avanzado mucho.

Aquello de los peces y la caña de pescar…

Claro. Una persona curiosa siempre va a buscar una solución. En muchos casos una solución original. Una persona acostumbrada a tragarse contenidos va detrás de soluciones prefabricadas. Dar contenidos es regalar peces, que tampoco está mal, pero es mucho más útil regalar cañas de pescar. Es muy importante que los alumnos aprendan a pensar y buscar soluciones por ellos mismos. Ese debería ser el fin último de la educación.

¿Cómo se hace eso?

Mira, hay un instituto que en vez de un viaje de fin de curso ha organizado un viaje sobre la historia en el mar. Se han ido a Murcia a un centro de buceo. En tres días los chavales aprendieron a bucear y se sumergieron para nadar entre pecios conociendo la historia de los barcos allí hundidos. Todo lo que han ido aprendiendo lo han tenido que redactar y estructurar para publicarlo en un blog. Allí la gente pone comentarios donde los chavales responden a preguntas de los internautas. Han entrevistado a los científicos que trabajan en el centro, han hecho vídeos, los han publicado… ¿Tú crees que esos alumnos de bachillerato no están aprendiendo a pescar?

Alguien podría argumentar que buceando no se aprende la Regla de Ruffini.

Si algún día les hace falta la van a buscar. No te quepa duda.

¿Esto se hace en las escuelas?

Sí que se hace. En más de un sitio. Lo que ocurre es que de esto no se habla.

Ya que has hablado de nuevas tecnologías y educación. Da la impresión de que mucha gente piensa en ellas como la solución a todos los males del sistema educativo…

Todo depende de cómo se utilicen. Bien utilizadas son fantásticas, pero por la misma razón son nefastas si las usamos mal. Ahora están las pizarras digitales. Si hacemos con ellas lo mismo que hacíamos con la pizarra tradicional es un despilfarro. Si la pizarra digital no sirve para darle autonomía al alumno, para que investigue, busque la forma de hacer las cosas y aprenda por sí mismo, entonces no vale. Mira lo que hicieron los chavales de la experiencia en Murcia. Las nuevas tecnologías deben servirnos para que los alumnos aprendan a buscar información, seleccionarla, darle validez, estructurar lo que les hace falta, publicar lo importante y que se comuniquen y trabajen en equipo. ¿Que de vez en cuando van a contarle al colega lo buena que está la amiga? Claro, están en la edad. Las posibilidades que da la tecnología para expandir el ámbito de la educación son fantásticas. Ahora, eso de que los alumnos hagan tests en el ordenador pulsando SÍ o NO con el ratón, problemitas de cálculo mental… Bueno, no está mal, pero si nos quedamos solo con eso nos estamos equivocando. Las nuevas tecnologías cambian nuestra forma de ver el mundo. Extienden las posibilidades del libro que, hasta ahora, ha sido la única herramienta a nuestro alcance.

 

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