Helena Matute

Helena Matute

Helena Matute es experta en Psicología Experimental. Trabaja con personas para estudiar su comportamiento. Una de sus especialidades son los sesgos cognitivos y afirma rotundamente que nadie está libre de ellos. ¿Cómo nos condicionan estos sesgos? ¿Por qué nos vemos tan condicionados por ellos? ¿Es posible detectarlos de alguna manera? ¿Qué nos dice la historia sobre la influencia de los sesgos cognitivos? Con este listado de preguntas la conversación prometía ser interesante. Y así fue…

 

Por Antonio Montesinos

 

¿Qué es una superstición?

Según quien responda la respuesta es distinta. Un filósofo no te dirá lo mismo que un psicólogo. El filósofo está más centrado en las supersticiones culturales. En psicología nos hemos ocupado más del inicio de la superstición. Es decir, del momento anterior a su propagación. También nos fijamos más en las supersticiones individuales. Por ejemplo, los deportistas dan muchas muestras de esto. Algunos tienen que jugar el partido con las medias con las que ganaron no sé qué partido anterior, otros con la pulsera que le ragaló no sé quién… También pasa con los estudiantes. Nosotros estudiamos cómo se inician esas supersticiones.

¿Cómo se inician?

Cuando te ocurre algo bueno tratas de asociar ese evento con algo que has hecho recientemente. En muchos casos esa relación causa-efecto no es real. Es ahí donde comienza la superstición. El primero que estudió esto fue Skinner. Es curioso porque lo estudió con palomas. Les daba comida gratis cada varios segundos y al cabo del tiempo cada paloma, por iniciativa propia, asociaba la comida con un comportamiento. Una daba saltitos creyendo que así recibiría comida, otra hacía otra cosa, etc. Aquellos experimentos fueron muy criticados porque se dijo que podría ser condicionamiento clásico, pero nosotros hemos replicado ese experimento muchas veces con humanos y los resultados son evidentes. Ahora no se puede decir que se trate de condicionamiento clásico.

¿Podemos afirmar que la superstición es un patrón de conducta normal en nosotros?

Sí. Muy normal. Tendemos a buscar causas para todo. Si nos duele la espalda y a la mañana siguiente el dolor desaparece buscaremos la causa por múltiples caminos: el brebraje que nos tomamos la noche anterior, unos rituales que hemos practicado… Cuando, a lo mejor, el dolor se fue porque esa noche dormimos en otra postura. Después ocurre que, una vez hecha la asociación, repetimos las causas buscando los mismos efectos.

Si esa asociación se pone de moda y pasa a ser practicada por mucha gente, se refuerza ¿no?

Claro. Parece que es más cierta. También ocurre que cuando esa asociación no la iniciamos nosotros, sino que observamos que la practica todo el mundo, entonces la hacemos nuestra. Es aprendizaje vicario. No sólo aprendemos por experiencia propia.

Según esto, ¿podemos afirmar que no somos tan racionales como creíamos?

Claro (risas). Y no sólo por esto. Hay muchísimos más ejemplos. El pensamiento racional funciona sólo a veces. Muy pocas.

César Tomé me decía en una entrevista que no somos seres racionales, sino racionalizadores. Es decir, tomamos una decisión y luego buscamos la explicación racional para justificarla.

Sí. Leí la entrevista. No todo el mundo está de acuerdo con esto. Yo sí comparto la idea de César, aunque no sé si decirte que al cien por cien. Es verdad que hay muchísimas ocasiones en las que actuamos por impulso, movidos por emociones, por la intución, etc. y después intentamos buscar alguna explicación racional que lo justifique. No sé si ocurre igual en todas las ocasiones pero sí en muchas de ellas.

Alguién le preguntó una vez a Rappel si el mejor negocio era saber explotar la estupidez ajena…

(Risas) Los timadores se aprovechan de esto. Trabajan explotando nuestros sesgos cognitivos. Ahí están los que te leen el futuro, los de la pulserita energética… Se aprovechan de eso. Otros que saben trabajar muy bien nuestros sesgos cognitivos son los magos. La diferencia es que ellos sí te dicen que se están aprovechando de tus errores. El mago no va más allá del engaño. No hace mucho hemos tenido en nuestro laboratorio a un mago que nos dejó impresionados. Todos caímos en sus trampas, incluso los que llevamos años estudiando la precepción y la atención.

¿La mejor defensa contra los que pretenden engañarnos es el pensamiento escéptico?

Sí. Tienes que ser muy consciente de que no puedes fiarte ni de tus sentidos ni de tus recuerdos. Tampoco puedes medir a ojo las relaciones de causa efecto. Cuando no puedes medir a ojo el tamaño de un objeto tienes que recurrir a un metro. Pues igual.

Lo que ocurre es que aplicar el pensamiento escéptico continuamente es poco práctico. Nos pasan tantas cosas al cabo del día que tenemos que delegar en nuestra intuición o nuestra experiencia. Incluso en decisiones más o menos serias, como comprar un coche, te tienes que fiar de lo que te dice el vendedor…

Claro. Cuando vas a comprar un coche no sólo no puedes aplicar el método científico, sino que tampoco puedes aplicar el método racional. Para hacer eso tendrías que informarte sobre los miles de modelos de coches del mercado y comparar cada una de las características. Imposible. En este caso tenemos que hacer otro tipo de valoraciones.

Recuerdo un anuncio de televisión donde se anunciaba un modelo de coche. El único dato técnico que daban es que traía mp3…

(Risas) Eso está muy estudiado. Se procura hacer que los objetos sean valiosos de manera intuitiva, no racional.

¿Nos pasa lo mismo con las ideas? Es decir, ¿hacemos acopio de ideas igual que hacemos acopio de coches?

Sí. Definitivamente. No hace mucho leía sobre esto. Una misma idea te puede parecer pobre o brillante dependiendo de donde venga. Y esto se da mucho en el campo de la política. Si un militante de un partido republicano escucha las propuestas de los demócratas seguramente le parecerán desacertadas. Si las mismas propuestas surgieran dentro de su partido sería totalemente distinto. Por otro lado hay ideas que hemos fraguado en compañía de distintas personas con las que estamos a gusto, o con las que no estamos a gusto. Esto también influye, claro está. Muchas veces fabricamos nuestras ideas según las emociones que nos producen.

¿Es posible ser consciente, en cierta medida, de todos estos prejuicios cognitivos?

Es muy difícil. Se puede intentar. Hay libros que te ayudan… Aunque también hay evidencia de que existe la ilusión que nos hace pensar que estamos por encima de los sesgos. Por mucho que los estudiemos siempre nos van a afectar. Por ejemplo, hablamos de la memoria. Se ha demostrado su falibilidad. Si basamos gran parte de nuestras decisiones en nuestros recuerdos hay que saber que esas decisiones pueden ser fallidas porque nuestra memoria lo es. Necesitamos apoyarnos en un método para fallar menos. Incluso con método también se falla.

Es interesante cómo la ciencia, incluso apoyándose en el método científico, también tiene que rectificar. Hace unas semanas entrevisté a Joaquín Sevilla. Me dijo que cuando estudiaba la carrera, hace unos 30 años, todas las afirmaciones de sus compañeros de biología han quedado superadas. Hoy ya no se sostienen.

Claro. Ese es el gran valor de la ciencia, que se va perfeccionando. La ciencia reconoce que sus afirmaciones son provisionales.

Ese es otro valor… admitir la provisionalidad de sus afirmaciones.

Por supuesto.

A la hora de asumir los patrones del pensamiento escéptico como propios, ¿no se cierra la puerta a posibilidades que pueden ser reales pero que al no superar hoy el método científico quedan fuera de nuestra atención?

Sí. Ahí existe un peligro. La ciencia siempre tiene que tener la curiosidad de investigar cosas nuevas y la prudencia de caminar despacio a la hora de afirmar. A veces se produce ese peligro. Por ejemplo, en psicología cuando se ha descubierto algo importante, algo que ha supuesto un hito importante, ha costado mucho trabajo publicarlo. Hay experimentos de una importancia tremenda que en su día sólo se pudieron publicar en revistas de segunda. Luego con el tiempo se les dio el reconocimiento adecuado. Al final resulta que el tiempo hace que la verdad triunfe. La ciencia es conservadora en ese sentido.

Se me viene a la cabeza la idea de la vida fuera de nuestro planeta. Muchísimos científicos creen que sí la hay con una certeza fuera de toda duda, pero ninguno puede todavía afirmarlo.

Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias (risas).

Volviendo a los prejuicios cognitivos decías antes que es muy difícil librarse de ellos. ¿No merece la pena el intento a sabiendas de que muchos de los males que nos han afectado a lo largo de la historia provienen nuestra ceguera ante esos prejuicios? Estoy pensando en las grandes guerras, los crímenes motivados por nacionalismos, fanatismos religiosos…

Hay algunos artículos muy buenos de Scott Lilienfeld que hablan justamente sobre esto. Lilienfeld dice que lo más importante que puede aportar la psicología a la humanidad es precisamente la ayuda para reducir la influencia de los sesgos cognitivos. Según este autor, la mayor parte de los sufrimientos padecidos por la humanidad proceden de la influencia de estos sesgos. Si los psicólogos consiguiéramos algún día minimizar este impacto tendríamos las condiciones para vivir mejor.

¿Reducir los sesgos es una forma de hacernos más racionales y huir de nuestra parte animal?

Sí. De todas formas nuestra parte animal no es algo negativo. Toda esa parte emocional… También somos animales. Lo importante es ser consciente de las dos cosas. Saber cuándo funcionas en modo emocional y cuándo en modo racional. Hay veces que conviene dejarse llevar por lo emocional y dejar a un lado lo racional. Otras veces confundimos los dos modos. Mira lo que ocurre con la economía… Creemos que es algo racional cuando la mayor parte de las veces no es así.

Lo de la economía es curioso…

Sí, mucho. La economía la llevan adelante personas con los mismos sesgos que tenemos todos. Esas personas tienen las mismas emociones, los mismos prejuicios, los mismos errores de memoria, de atención y de percepción que tenemos tú y yo. Y lo peor de todo… creen que están libres de ellos.

Me quedo con las afirmaciones de Scott Lilienfeld. Parece alguien interesante…

En el momento que consigamos que dos personas se puedan entender, que no piensen que uno ataca al otro por el mero hecho de ser de otro partido, de otra raza, de otro país… En el momento que consigamos reducir los sesgos cognitivos, que en definitiva es en lo que descansa todo esto, estaremos consiguiendo las bases de una sociedad más pacífica, más sana, más feliz y responsable.

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