Joaquín Sevilla

Joaquín Sevilla

Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabaja en la Universidad Pública de Navarra en la que es profesor titular del área de Tecnología Electrónica. Mantiene un blog muy interesante en el que habla de ciencia, escepticismo, divulgación, universidad y otros temas donde aporta una visión muy personal. Puestos a hablar de algo la lista se nos presentaba extensa. Le propuse comenzar por uno de los temas recurrentes en esta revista: los prejuicios.

 

Por Antonio Montesinos

 

Lo que resulta intolerable al escrutinio científico son los prejuicios. Lo he leído en tu blog…

Hay distintos tipos de prejuicios. Unos más intensos que otros. Unos más conscientes que otros. Hay pecados que son especialmente intolerables y son aquellos que pervervierten la propia esencia de la profesión. Un bombero que a la vez sea pirómano es intolerable (risas). Lo mismo que un sacerdote pederasta. Algo totalmente lamentable. Lo mismo pasa con un científico mentiroso. O prejuiciado. Hay que esforzarse por no caer en los prejuicios. Al menos en los evidentes.

Hace cientos de años era comunmente aceptado que la tierra fuera el centro del universo. Hace poco más de un siglo todavía se creía en la existencia del éter. ¿No es posible que, a otros niveles, muchas de nuestras ideas descansen todavía sobre prejuicios?

Para profundizar en este asunto habría que definir muy bien lo que es un prejuicio. De todas formas, cuando se empieza a aplicar el método científico y nos planteamos dudas sobre la naturaleza, esas dudas están basadas en ideas preconcebidas. Esto lo analizó especialmente bien Thomas Kuhn con su Estructura de las revoluciones científicas. Empezamos a plantearnos dudas sobre la base del paradigma en el que descansamos. Eso es un prejuicio, por supuesto, porque no te deja ver las cosas de otra manera. Pero también es inevitable. Siempre tiene que haber un punto de partida. Otra cosa distinta es que uno tenga deseos que las cosas salgan de una determinada manera. Si yo tengo el sentimiento de que las antenas Wi-Fi son muy malas para la salud o que la acuputura es estupenda porque la inventaron los chinos hace milenios, entonces ya estamos enredando con los prejuicios. Esos no son puntos de partida, sino de llegada.

También hablas de la delgada línea entre el prejuicio y la idea inspiradora.

Esta idea me surgió al repasar el concepto de hipótesis gaia, que fue el trabajo científico que hizo James Lovelock allá por los 70 donde lo que estudiaba era la relación entre la biología y la geología en la evolución. Dicho así suena muy científico, pero si lo llamas hipótesis gaia ya es más hippy. Después mucha gente adoptó este concepto para decir que la tierra estaba viva y que su espíritu planetario respondía a las agresiones que sufría. Por otro lado, la teoría de las supercuerdas, que habla de 26 dimensiones y que planteada de manera aséptica es más exótica que lo de Lovelock, suena a más científico. Lo que me llama la atención es que el nombre que le damos a las cosas configura la imagen que nos hacemos de ellas.

 

El pensamiento escéptico debería ser la normalidad en contraposición a la credulidad. En el fondo, el pensamiento escéptico es el pensamiento de las personas que no se dejan timar fácilmente. Que a eso haya que ponerle un nombre en vez de llamar bobos al resto de la población es algo muy triste (risas).

 

¿El pensamiento escéptico es la mejor defensa contra estos prejuicios?

Imagino que sí. A mí me da mucha rabia que tengamos que ponerle nombre al pensamiento escéptico cuando debería ser lo normal. Es lo que me enseñó siempre mi madre: nadie da duros a cuatro pesetas y quien te regala un caramelo a la puerta de la escuela quiere algo de ti. El pensamiento escéptico debería ser la normalidad en contraposición a la credulidad. En el fondo, el pensamiento escéptico es el pensamiento de las personas que no se dejan timar fácilmente. Que a eso haya que ponerle un nombre en vez de llamar bobos al resto de la población es algo muy triste (risas). A lo mejor, como sociedad, resulta que nos gusta dejarnos timar en determinadas ocasiones.

Esto es igual que llamar olivo ecológico al olivo de toda la vida y convertir el olivo modificado en el olivo común.

Sí, es lo mismo (risas).

Hace poco hemos tenido noticias de un vidente que hace sus predicciones por televisión con unas gafas radiónicas de videncia extrema. Si le quitas la gracia que pueda provocar en un principio resulta hasta ofensivo. ¿Tan infantil es la mentalidad del que se deja el dinero en esos timos?

A mí me parece de una gravedad extrema y al mismo tiempo me resulta del todo incomprensible.

Ante espectáculos de este calibre cabe preguntarse por la cultura científica del ciudadano medio.

La incultura científica no es propia de un momento histórico ni de un país concreto. El pensamiento mágico todavía está muy arraigado y aún hay que hacer muchos esfuerzos por generalizar el uso del pensamiento racional.

Hay países donde se presta más atención a la educación de sus ciudadanos…

A la educación general sí. De todas formas si nos fijamos en lo que pasa, por ejemplo, en EEUU podemos hacernos una idea de cómo caminamos en educación científica. Hay muchísima gente en los Estados Unidos que no cree en la evolución. Que piensa que la tierra fue creada hace 6000 años. Ten en cuenta que en 1897 el Indiana Pi Bill intentó mediante una ley fijar el valor de Pi en menos decimales porque eso de que fuera irracional hacía muy complicadas las cosas (risas). Es ese orgullo de pensar que son poderosos y democráticos y que con ese poder y los mecanismos de su democracia pueden modelar la realidad a su antojo. Por otro lado, para los negocios o la ingeniería este país sí que está muy avanzado. Esto es una muestra de lo que todavía queda por hacer a la hora de difundir el pensamiento científico y racional.

Si nos venimos a España nuestras universidades no están entre las mejores del mundo. Estoy seguro que no es por falta de talento…

No, por supuesto. Entre las universidades jóvenes sí hay algunas entre las mejores del mundo, pero entre las más veteranas no. El sistema universitario español procede de un modelo monolítico que ha estado en vigor hasta hace muy poco tiempo. También hay que decir que no tenemos universidades excelentes, pero tampoco las tenemos miserables. De todas formas deberíamos preocuparnos de elevar el nivel medio del sistema universitario y evitar los esfuerzos por colar algún nombre en las clasificaciones internacionales de excelencia.

Las críticas recurrentes al sistema universitario son la excesiva burocracia, personal muy acomodado, eterna endogamia… ¿Estás de acuerdo con este análisis?

Totalmente (risas). Lo peor es la burocracia. Cada vez hay más. Antes de que me llamaras me he llevado una hora con un alumno para rellenar un papel de uso común. Una locura. La endogamia también es algo típico de aquí. Prácticamente nadie entra de profesor en una universidad si no se ha formado allí. Otra cosa es la endogamia más perniciosa. Es decir, si esa persona se merecía la plaza o no. Antes ocurría mucho más. Ahora no es tan generalizado.

Parece que con la crisis el panorama no va a mejorar. Este año miles de alumnos se quedarán sin poder cursar sus estudios universitarios porque no pueden pagar las tasas. Estamos hablando de la universidad pública.

Son unos 35000 alumnos los que se van a ver afectados, aunque las cifras reales las tiene el ministerio y no creo que hagan mucho por airearlas. Es muy grave. Esto no favorece la calidad educativa de la que hablábamos antes. Cuando se hacen los famosos exámenes para medir el nivel de conocimientos de los alumnos se miden dos cosas: la excelencia, medida esta según las notas obtenidas, y la equidad. La equidad mide las posibilidades de formación que el sistema ofrece a toda la ciudadanía. Es muy fácil subir la excelencia a base de disminuir la equidad. Eso no lo quiere nadie.

 

La división entre ciencias y letras fue un error tremendo. Sólo existe el saber y el no saber. Conocimiento e ignorancia. Haber generado dos cajas inmiscibles que permiten a la gente sentirse valerosa de su ignorancia de la otra caja ha sido nefasto.

 

Otra forma de mejorar la excelencia es que los resultados académicos suban y una forma rápida de mejorar esos resultados es bajar el nivel de las pruebas. Muchos profesores universitarios se quejan del bajo nivel de los alumnos.

Este es un problema muy interesante y que se puede analizar desde muchos puntos de vista. Existen tablillas sumerias de hace más de 4000 años donde se dice que las nuevas generaciones cada vez están menos educadas. Evidentemente, las nuevas generaciones cada vez no pueden estar peor educadas. Yo le he dado muchas vueltas a este asunto, pero la realidad es que vamos progresando. La conclusión a la que llego es que los cuerpos de conocimiento cambian. Las nuevas generaciones vienen sabiendo muchas cosas, pero son cosas distintas. Las formas de adquirir conocimientos también cambian. La exposición a información variada y dispersa que propicia Internet genera un conocimiento muy fraccionado. En mi blog lo comparo a un queso gruyere. Ese tipo de conductas genera individuos que saben que las variedades de almendra más producidas son la largueta y la marcona, pero que sin embargo no saben lo que es una variedad vegetal. Eso no le pasaba a alguien de hace 50 años. Se trata de un conocimiento difuso, poco sólido, con agujeros y que no está centrado en las mismas cosas que le interesaban a la generación anterior. Esto nos dice que las nuevas generaciones no es que sepan menos. Es que saben menos de las cosas que nosotros queremos que sepan. De lo que yo les pongo en mi examen sacan menos nota, pero después en el laboratorio son capacer de ingeniar proyectos con mucha originalidad.

¿Extraes estas conclusiones de tu experiencia personal?

Sí, claro.

Otro de los puntos flacos de la universidad son las humanidades, que cada vez tienen menos peso. ¿Hasta qué punto el saber humanista sirve de complemento al pensamiento escéptico del que hablábamos antes?

Es imprescindible. La división entre ciencias y letras fue un error tremendo. Sólo existe el saber y el no saber. Conocimiento e ignorancia. Haber generado dos cajas inmiscibles que permiten a la gente sentirse valerosa de su ignorancia de la otra caja ha sido nefasto. Todos hemos escuchado eso de que paso de revisar la cuenta del restaurante porque soy de letras. O el que dice que no pone acentos porque es de ciencias… Eso no significa más que tolerar la ignorancia. La filosofía es fundamental, el estudio de las lenguas también, conocer la historia ni te cuento… Las disciplinas tradicionalmente llamadas de letras son fundamentales. De eso no deberíamos tener ningún tipo de dudas.

El mercado de trabajo no lo ve así…

Se demandan tan pocos puestos de trabajo que no sabemos realmente lo que el mercado quiere (risas). Hay un vídeo magnífico llamado Vivimos tiempos exponenciales que muestra lo rápido que está cambiando todo en los últimos años. Durante la revolución industrial, y no olvidemos que somos hijos de la revolución industrial, el concepto de puesto de trabajo estaba muy claro: contable, fresador, etc. La formación consistía en preparar a una persona para un puesto de trabajo de esas características. Después esa persona entraba a trabajar en una empresa como contable o fresador y cambiaba de empresa una o ninguna vez. Hoy, la mayor parte de la gente de 30 años que está trabajando tarda un cuarto de hora en explicarte en qué trabaja. Que si hace diseño gráfico vectorial para páginas web pero que a su vez también se puede aplicar al mundo de las aplicaciones para smartphones. Al mismo tiempo hace fotografías y las retoca para integrarlas en los diseños vectoriales que hizo antes… A este señor no se le puede llamar contable. O fresador. Casi no tenemos nombres para los nuevos empleos que van surgiendo. La nueva sociedad se basa en el conocimiento más que en en los productos físicos. Esto requiere de una formación amplia, variada e interdisciplinar. En este entorno son necesarios los conocimientos de letras. Por supuesto. A lo mejor no hacen falta tantos especialistas en filología árabe, pero alguno sí que se necesitará.

A la vista del vídeo que recomendabas antes toma uno conciencia de la profundidad de los cambios que se avecinan. Ni te digo ya si nos ponemos a hablar de células madre, ingeniería genética, avances en neurología… Nos esperan años apasionantes.

Espectaculares. Sobre todo en biología. Yo estudié física en una facultad de ciencias donde había gente de física, química, matemáticas y biología. A la hora de comer nos juntábamos todos y nos contábamos lo que íbamos aprendiendo. Todo lo que me contaban los compañeros de biología hace 30 años hoy ya no es verdad. Eran afirmaciones que ya han sido superadas. Sin embargo lo que contábamos los de física y matemáticas sigue siendo igual. Para encontrar los avances de la física en los últimos 30 años hay estar en el doctorado o más lejos, en cambio en biología los cambios afectan a primero de carrera. La revolución que estamos viviendo es espectacular.

La realidad supera a la ficción. A la ciencia ficción, en este caso…

Hay una novela de Michael Crichton que se llama Next. Es una especie de distopía de los avances de la biología. Me parece muy recomendable. Presenta animales que se han soltado en la naturaleza a los que por ingeniería genética se les ha colocado un logotipo en la piel. Cuando alguien va a pescar los peces ya vienen con la publicidad incorporada. Si esto no se puede hacer ya, seguramente no esté lejos el momento de hacerlo. Igual que hoy han esponsorizado las estaciones de metro en Madrid, Michael Crichton prevee que ciertas especies de animales también puedan estar esponsorizadas de manera perpetua mediante la ingeniería genética. Para que veas que esto no es algo tan lejano en el tiempo, habrás escuchado que en EEUU están ahora en una guerra judicial para decidir si los genes se pueden patentar. La corte suprema americana ha rechazado las patentes de genes humanos de la empresa Myriad Genetics.

Aquellos mundos distópicos de 1984, Un mundo feliz, Farenheit 451 y demás novelas del género parecían muy lejanos cuando se escribieron.

Acabamos de conocer la infraestructura de la que dispone el gobierno estadounidense para espiar las conversaciones privadas de ciudadanos del mundo entero… ¿Te suena de algo?

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