Antonio Delgado

Antonio Delgado

El Center for Disease Control en Estados Unidos utiliza datos de búsquedas en Google para predecir la trayectoria de brotes de diversas infecciones. Es tanta la información que Google genera que, utilizada correctamente, puede tener múltiples aplicaciones útiles. Si nos fijamos no sólo en la información del motor de búsqueda, sino en la que generan los estados y todas sus administraciones públicas e instituciones, el resultado de su estudio puede llegar ser muy clarificador. De contar historias a partir de estas cifras se encarga el periodismo de datos. Algo que en España apenas se imparte en la universidad y que algunos periodistas se están encargando de difundir por iniciativa propia. Antonio Delgado es uno de ellos. Es el organizador de los encuentros #Redada, donde, entre otras cosas, también se habla de periodismo de datos.

 

Por Antonio Montesinos

 

 

Que un periódico me cuente lo que ha dicho Rajoy y a continuación lo que responde la oposición me aclara poco de lo que realmente está pasando…

Esto se ve normalmente en los informativos de televisión. Primero nos dan las declaraciones del gobierno de turno para seguidamente ofrecer las de la oposición. Pocas veces se entra a valorar las implicaciones de esas palabras.

En este caso la prensa sólo sirve de altavoz a las intenciones de los políticos.

Claro. La clase política se aprovecha de esto para hacer llegar su mensaje a la mayor cantidad de gente. En el fondo no es más que propaganda. Esta actitud se ve reforzada cuando los políticos no permiten preguntas en las ruedas de prensa. Aquí se ve claramente el aprovechamiento que hacen de los medios para difundir su mensaje.

Para los medios el esfuerzo es mínimo. Basta encender la grabadora…

Una alternativa puede ser el periodismo de datos. Consiste en acceder a grandes bases de datos de información pública y sacar de ahí las historias. Por ejemplo, el INE publica cada trimestre los datos relacionados con el paro. Lo que suelen hacer los medios es replicar la nota de prensa del INE, pero pocos medios van a la página oficial, se descargan los datos y a partir de ahí elaboran un informe en profundidad con las historias que se puedan extraer. En relación a esto, hace poco el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha publicado un trabajo sobre los paraísos fiscales donde se ha llegado a conclusiones muy relevantes. Lo que han hecho ha sido indagar en enormes bases de datos durante 15 meses. Han contrastado y relacionado información, que en muchos casos no estaba estructurada, y de ahí han sacado unas conclusiones de gran interés para todos. Por suerte este tipo de trabajos cada vez es más común. Hace unos años el acceso a esas bases de datos era bastante restringido. Hoy, por el contrario, cada vez es más fácil gracias a las tecnologías de la información. De todas formas, nos queda mucho camino por andar en este terreno. Hay muchos datos de la administración que todavía no están a disposición pública. En este sentido estamos a la espera de la aprobación de la futura ley de transparencia.

¿Las facultades de ciencias de la información contemplan el periodismo de datos a la hora de formar a futuros periodistas?

Si te refieres a España, que yo sepa, todavía no está incorporado al programa oficial. Sí es cierto que en algunos masters y cursos de asociaciones de periodismo lo contemplan. Imagino que los próximos años se irá añadiendo como parte importante en alguna asignatura. Hace un año que hemos montado en Medialab-Prado un grupo de trabajo donde ofrecemos formación gratuita sobre periodismo de datos.

 

Cuando se bajó la velocidad máxima a 110 km/h se hizo, según nos contaron, porque suponía un ahorro energético importante. Esa decisión está basada en informes que nunca se hicieron públicos. Esos informes nos afectan muy directamente porque determinan la legislación. Además, los hemos pagado entre todos. El problema es que no tenemos esa cultura. No hemos tomado conciencia de que esa información debería estar disponible.

 

Queda claro pues que el principal ingrediente del periodismo de datos son los datos. En España no abundan precisamente…

El periodismo de datos lo podemos dividir en tres apartados. Primero el acceso a los datos, segundo el análisis y tercero la visualización. España es el único país de Europa con más de un millón de habitantes sin ley de transparencia. Para que te hagas una idea, Uganda cuenta con una ley de transparencia mucho más robusta que la que se está tramitando hoy en España. Aquí no tenemos la cultura de asimilar que la información que genera la administración pertenece a los ciudadanos. Cuando el gobierno toma decisiones que afectan a los ciudadanos, esas decisiones están basadas en datos que, en la mayoría de los casos, permanecen ocultos. Como no sabemos que tenemos ese derecho nunca lo hemos ejercido. Por ejemplo, cuando se bajó la velocidad máxima a 110 km/h se hizo, según nos contaron, porque suponía un ahorro energético importante. Esa decisión está basada en informes que nunca se hicieron públicos. Esos informes nos afectan muy directamente porque determinan la legislación. Además, los hemos pagado entre todos. El problema es que no tenemos esa cultura. No hemos tomado conciencia de que esa información debería estar disponible.

¿Toda la información?

Poniendo ciertos límites a la que afecte a la seguridad del estado o a la privacidad de ciertas personas según en qué condiciones. El resto sí que debería ser pública.

Precisamente una de las carencias de ley de transparencia que se está tramitando es que no contempla la publicación de los informes previos a la toma de decisiones…

De momento tenemos un borrador que deja mucho que desear. No cumple estándares internacionales de transparencia. Lo primero es que la ley no contempla el acceso a la información pública como un derecho fundamental, en contraposición a que en España la privacidad sí que se considera un derecho fundamental. Es una cuestión de mentalidad. Por ejemplo, en Finlandia cualquiera puede consultar la declaración de la renta de su vecino. O puede conocer a quién pertenece un vehículo enviando un SMS con la matrícula. Así en muchos otros aspectos, por ejemplo el que tú mencionas.

Imagino que cuando los datos se hagan públicos habrá que seguir una serie de recomendaciones con respecto a su licencia de uso y formato de publicación.

Normalmente los pocos datos que se publican salen en formatos muy farragosos y poco reutilizables, como el PDF. Lo ideal sería publicarlos en bases de datos o ficheros CSV, muy compatibles con la mayoría de aplicaciones disponibles. Incluso se publican PDF con documentos escaneados, por lo que la información no es reutilizable.

Volviendo al periodismo de datos… ¿Las encuestas que hacen los periódicos, radios y televisiones son periodismo de datos?

No. Eso es estadística y ni siquiera sería representativa. Ese tipo de entrevistas tiene muchas limitaciones. Está bien para rellenar una noticia, o como sondeo de opinión, pero no más.

Es curioso cómo en la mayoría de los casos los resultados de esas encuestas coinciden bastante con la línea editorial del medio.

Habría que entrar a valorar cómo se hacen esas encuestas. Dicen que el demonio está en los detalles (risas). Habría que ver cómo se plantean las preguntas… Si te preguntan ¿Estás en contra de la piratería? normalmente la mayoría de las respuestas serán afirmativas.

¿Qué tipo de equilibrio sería el ideal entre opinión, periodismo de declaraciones y periodismo de datos? ¿Habría alguna forma de medir esto?

Hoy sobra mucha opinión y falta contexto. Cuando hay asuntos que llevan bastante tiempo rondando los medios se pierde contexto sobre las cusas que lo originaron. Se le da más importancia a la inmediatez que al núcleo central de lo que ocurre. Tenemos demasiada opinión, poco o ningún periodismo de datos y la información habría que trabajarla más. Los medios no han invertido en periodismo de datos ni cuentan con equipos preparados para hacerlo.

 

Todas esas portadas tan coloristas en los medios tradicionales sobre la muerte de Magaret Thatcher cada vez aportan menos. Primero porque la noticia ya me la sé. Se trata de algo que pasó el día anterior. Lo que realmente interesa es el contexto en el que esa mujer gobernó y qué supuso en su tiempo y en el presente. Hay que centrarse en los porqués.

 

Poner a cinco tertulianos a opinar es más barato que tener a un equipo de periodistas investigando.

Claro. La sobreabundancia de opinión viene de ahí. Evidentemente esto afecta a la calidad de los medios. Lo que hay que tener en cuenta es que las opiniones deberían estar respaldadas por datos y esto no siempre ocurre.

A esto unimos que los medios que se trabajan los datos normalmente lo hacen para ofrecer la información que apuntala su línea editorial.

Antes las editoriales de los grandes medios iban a misa. Se marcaba así la llamada agenda-setting del país. Hoy, con la oferta que tenemos, las trampas de los grandes medios van quedando en evidencia. Cuando un medio informa sobre cualquier tema, tenemos suficentes fuentes para poner eso en contraste con otras informaciones y puntos de vista. Hoy todo queda más a la vista.

La crisis de los grandes medios está generando la aparición de multitud de nuevas ofertas, algunas de ellas con su producción global basada únicamente en Internet. Me estoy refiriendo a medios como eldiario.es o Infolibre. ¿Estos medios han encontrado ya su modelo de negocio o todavía están en la fase de ensayo/error?

No sé si recuerdas que hace unos años medios como ADN, Soitu o Público apostaron por Internet. Fueron proyectos con redacciones de 20, 30, 40 e incluso más periodistas, basados en estructuras relativamente voluminosas y con las miras puestas en la rentabilidad a varios años. A la vista está que estos planteamientos con inversiones fuertes no han sobrevivido más allá de los cinco años. Hoy la idea es distinta. La estructura no es de arriba-abajo, sino al revés. Se comienza por equipos pequeños, ágiles y con pocos gastos para que la rentabilidad sea a corto plazo. Se crece en función de las posibilidades.

Cambia el modelo negocio. ¿Cambia también el tipo de periodismo?

Aquí suelo ser bastante crítico. Hay poca innovación, ya que la forma de contar las noticias cambia poco con respecto al periodismo tradicional. Hay que innovar. Sí que se ven algunos intentos, como ampliar contenidos mediante publicaciones en papel, pero en el fondo no deja de ser más de lo mismo.

Según esto, ¿qué caminos hay que tomar para que se note el cambio?

Por ejemplo, una empresa de medios podría estructurarse en torno a un agregador de noticias para dispositivos móviles. O que apueste por el periodismo de datos para contar las cosas. Otro reto importante está en la visualización de la información. La cuestión es buscar nuevos caminos. Estoy seguro que los medios del futuro no tendrán nada que ver con lo que se está haciendo hoy. Está claro que hay valores que no van a cambiar. Las bases del periodismo, los códigos deontológicos, la objetividad, la imparcialidad… Eso siempre va a estar ahí. Todo medio que me ayude a entender mejor el mundo cambiante en el que estamos será un medio a tener en cuenta. Por ejemplo, todas esas portadas tan coloristas en los medios tradicionales sobre la muerte de Magaret Thatcher cada vez aportan menos. Primero porque la noticia ya me la sé. Se trata de algo que pasó el día anterior. Lo que realmente interesa es el contexto en el que esa mujer gobernó y qué supuso en su tiempo y en el presente. Hay que centrarse en los porqués. Pasó lo mismo con la muerte de Gaddafi. Quizás importen menos los detalles de su muerte como saber quién fue el personaje y qué importancia tuvo en la configuración actual del mundo.

De todas formas andamos pisando un terreno inexplorado. Quizás sea normal que vayamos dando palos de ciego y descubriendo cosas conforme avanzamos.

Efectivamente. Internet, al igual que otras muchas innovaciones, funciona a base de prueba y error. Por ejemplo, Twitter. Ni ellos mismos sabían la repercusión que iba a tener. A pesar de esto hay una frase que define muy bien la situación: lo urgente no nos deja hacer lo importante (risas). Las grandes empresas están más pendientes de soltar lastre para no perder su sitio que de mejorar sus servicios. Ahora es el momento de tener ideas nuevas y reinventar el periodismo. Quedan huecos por cubrir y mientras los grandes medios estén más preocupados de mantenerse a flote que de otra cosa no avanzarán mucho.

Quizás uno de los caminos a explorar es el relacionado con la inteligencia colectiva. La Wikipedia, con sus virtudes y defectos, es un magnífico ejemplo de trabajo distribuido. Menéame.net también.

Menéame es un buen ejemplo. La decisión sobre la relevancia de las noticias no recae en una sola persona sino en la comunidad. En el caso de los medios, esto puede tener un riesgo y es que las fotos de gatitos se conviertan en asunto de interés general. En este caso no se busca la relevancia de la información sino que hay un interés desmedido por captar la atención y conseguir visitas. De todas formas es interesante el modelo que representa Menéame.

También es cierto que la propia inteligencia colectiva, en muchos casos, sirve para filtrar esos contenidos intrascendentes.

Sí. Incluso cuando se extiende un bulo a través de Internet es la propia comunidad de usuarios la que se encarga de desmentirlo rápidamente. Creo que se debería ahondar más en el trabajo compartido.

Muchos cambios en muy poco tiempo…

Yo creo que estamos hablando de un cambio de era que va mucho más allá de lo tecnológico. Cuando estudiábamos en el colegio las grandes edades históricas: Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna… nos preguntábamos cómo se habían vivido aquellos grandes cambios. Pues bien, hoy estamos viviendo una de esas transiciones. Por eso son tan importantes las decisiones que tomemos hoy porque dibujarán nuestro futuro en los próximos años. Estamos hablando de qué entendemos como propiedad intelectual, transparencia o participación.

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