Guillermo López García

Guillermo López García

Normalmente el mundo se arregla desde la barra de un bar con una cerveza en la mano. No sirve de mucho pero al menos desahoga. Hacía tiempo que echaba de menos un desahogo de este tipo y me fui a buscar un contertulio con tablas. Guillermo es profesor de Periodismo en la Universidad de Valencia. Se doctoró con una tesis sobre Comunicación electoral y formación de la opinión pública. Se la aprobaron con sobresaliente “Cum Laude”. Además, es una de las voces más incisivas de La página definitiva. La conversación fue devastadora. No arreglamos el mundo, pero nos quedamos muy relajados. Sólo faltó la cerveza.

 

Por Antonio Montesinos

 

La política en nuestro país pasa por una situación de desprestigio inédita en los años de la democracia. La gente ve al político como un vividor, alguien ajeno a la realidad laboral de la población, que se aprovecha de lo público para beneficio personal y que vive de acercarse a quien más le conviene para perpetuar sus privilegios.  Evidentemente no se puede generalizar, pero la imagen de la profesión está seriamente dañada.

Lamentablemente hay mucho de verdad en todo eso. Aquí entramos en la discusión de si se puede generalizar o no, de que no todo es blanco y negro… Lo cierto es que hay una percepción pública bastante clara de que la figura del político se ajusta a la descripción que acabas de hacer. Los factores de que esto sea así son dos. Por un lado la propia clase política y por otro la situación de crisis económica que está dificultando mucho las cosas para la población y que ha generado la necesidad de buscar culpables. Esta necesidad está bien fundada por una parte, pero por otra es también un poco cainita. Cuando la situación iba muy bien, o parecía que iba muy bien con el ladrillo y la burbuja inmobiliaria, la gente sabía como funcionaba todo. Yo no me creo que la gente no supiera que hay muchos políticos que no tienen formación, que muchos se mueven exclusivamente por su carnet, que hay relaciones poco limpias entre políticos y empresarios… Lo que ocurre es que como a la gente no le iba mal, esto otro no parecía tan grave. Con la llegada de la crisis lo que antes era real ahora es escandaloso, aunque yo creo que escandaloso ha sido desde el principio. Lo bueno de la crisis es que ha hecho aflorar todo esto.

También tenemos que hablar de la profesionalización de la política. En el pasado la gente que decidía dedicarse a la política era gente que desde el campo profesional ocupaba parte de su tiempo con esta tarea. Como esos cargos requerían mucha dedicación consideraron dedicar todo su tiempo a ser político. Después miraban hacia atrás y se daban cuenta que con el tiempo se habían amoldado a ese puesto, pero venían del mundo profesional. En tiempos de Franco la oposición era ilegal, así que en este terreno es más cierto aún esto que te cuento. Después de 35 años de democracia ha menudeado más la figura del político profesional. Es decir, gente que ya hace política en la universidad, está metida en sindicatos, estudia carreras como Ciencia Política, Derecho, Económicas… No hay nada malo en todo esto, el problema es que esta gente se acostumbra desde un principio a convertir la política en su perspectiva profesional. Te pongo un ejemplo: el otro día entrevistaron a Beatriz Jurado, líder de las nuevas generaciones del PP. Decía una cosa que a mí me parece devastadora, y es que ella sí había trabajado antes de iniciar su carrera política y ese trabajo había consistido en pertenecer a un despacho de abogados y ser asesora parlamentaria durante cuatro años. Lo que había hecho es unas prácticas de dos meses en un despacho, y los cuatro años de asesoría habían sido asesorando al grupo parlamentario del PP en Córdoba. Ella iba en las listas y como no entró la pusieron como asesora. Esto indica el grado de distanciamiento de la realidad de esta gente. Eso no es experiencia profesional. Esto hace que se vea a gente sin formación o con formación instrumental sólo para la política, con trabajos poco exigentes y con sueldos de 2000 o 3000 euros limpios al mes… Pues a la gente esto le parece escandaloso. Además, muchos de esos sueldos se crean para poder colocar a cierta gente.

Llama la atención los políticos que critican el modelo público mientras llevan años viviendo del dinero de todos.

Es la quintaesencia de la hipocresía. Hacen el discurso ultraliberal de que el estado es algo malo, los funcionarios unos vagos y bla, bla, bla… y muchos de ellos son funcionarios sin oposición, es decir, gente que vive del estado pero sin formación para ello. No tienen la independencia que se le supone a un funcionario y además dependen directamente del poder político. Eso sin hablar de los partidos y fundaciones afines que se mantienen totalmente con dinero público. Y no vamos a hablar de otras vías de financiación ilegales que últimamente estamos conociendo.

Quizás los políticos se han visto bastante sorprendidos por el hecho de que la opinión pública se ocupe de ellos de manera tan cercana.

Efectivamente. Los políticos gestionaron muy mal las cuentas públicas durante décadas pero como había dinero se notaba menos. Aquí en Valencia ya sabes lo que ha pasado. Gastaron dinero a manos llenas en proyectos que en muchos casos ni siquiera comenzaron a funcionar y nadie se quejaba. Hasta que no llegó la crisis esto parecía incluso gracioso. Cuando llega la crisis queda evidenciado que los políticos son unos pésimos gestores y se revelan impotentes para hacer cara a la situación. Ante esto la gente se pregunta, ¿esta gente para qué sirve? Se llega a la reflexión de que este modelo de clase política ha fracasado y es perjudicial para el país. Quizás hay que volver al modelo de profesionales que conocían el mundo laboral y después desembarcaban en política.

 

Te pongo el ejemplo de Cospedal. Una mujer que a día de hoy es un cadáver político. Y lo es simplemente porque es la persona del PP encargada de dar las explicaciones. Y como las explicaciones que da son lamentables se ha quemado a una velocidad espeluznante. Y esta mujer era uno de los puntales del PP hasta hace cuatro días, con un perfil muy duro y que se expresaba bien. Mírala ahora.

 

Otro de los aspectos que contribuye al desprestigio del sistema político es la falta de responsabilidad en la función política. Podríamos llamarla impunidad. Un político accede a su cargo, gasta millones de euros en proyectos inútiles con la tranquilidad de que cuando acabe en ese puesto le espera otro igualmente bien remunerado y nadie le pedirá cuentas por lo que hizo.

Hay un proceso perverso en España y es la sensación de que el político que asume su responsabilidad es débil. Nadie asume su responsabilidad porque después quedaría marcado para siempre. Los políticos se enquistan sistemáticamente en la estrategia de no asumir nada, de no dar respuestas incluso a preguntas evidentes, de no dimitir por razones que en cualquier país civilizado provocarían la dismisión inmediata… porque saben que es su mecanismo de defensa. Por otro lado, los ciudadanos nunca hemos ejercido la presión suficiente para que estos dimitan. Tenemos el caso de Ana Mato. ¿Por qué no ha dimitido? Seguramente porque ella piensa que lo que hace son servicios al partido y no debe dimitir. Por otro lado hay la sensación de que si alguien no está imputado o condenado tampoco tiene que dimitir. Y por último está la perversión de crear precedente, es decir, que si dimite alguien, como por ejemplo esta mujer, parece que se abre la puerta de las dimisiones y la presión sería mayor para que dimitiera más gente. Así las cosas, es mejor que no dimita nadie, no vaya a ser que nos acostumbremos.

Vamos al caso Bárcenas. Nadie se atreve a moverse porque si alguien se mueve podría ser que se supiera algo más de lo que ya se sabe. Llegamos así al espectáculo dantesco que ha supuesto todo esto. El presidente lo que hace es verlas venir y callar. Es un modelo similar al de la ley del silencio de la mafia: una estructura mafiosa donde todos piensan que el corporativismo llevado al extremo es mejor estrategia que la de asumir responsabilidades.

Llegamos a la corrupción. Hemos bajado el umbral de tolerancia ante estos casos. Incluso podemos encontrar a muchos políticos imputados en casos de corrupción que siguen en sus puestos e incluso vuelven a ser votados.

Sí es verdad que hemos bajado mucho el listón. Para muchos votantes la corrupción no entra en sus fórmulas. Se trata de una cuestión ideológica. Primar a alguien de los tuyos porque sea de los tuyos antes de porque sea una persona honrada es un tremendo error. El dinero que se están llevando también es tuyo. Por otro lado, aquí a veces parece que prima más la corrupción espectáculo que la corrupción real. Por ejemplo, tenemos palacios de congresos cerrados, están también los aeropuertos sin aviones o las estaciones de tren sin pasajeros… Lo que ocurre es que aquí parece que causan más indignación los 200 euros que un político se gasta en una comida y unas juergas con sus amigos o que fulanita de tal use el coche oficial para ir a la peluquería. La imagen de la opulencia escandaliza más, pero la corrupción real está en las grandes cifras.

Aquí no tenemos conciencia de lo que cuesta mantener lo público. Parece que los nuevos partidos e incluso los minoritarios están haciendo mucho hincapie en la limpieza de sus cuentas, en la transparencia… Espero que esto prospere.

Otra de las causas de desprestigio político es la falta de credibilidad en la comunicación ¿Cómo puede el gobierno defenderse con explicaciones infantiles en una situación de máxima gravedad?

En España existe un problema relacionado con la falta de contrapoderes. Cuando alguien consigue mayoría absoluta, puede hacer lo que quiera hasta que lleguen de nuevo las elecciones. En otros países, como en el Reino Unido, donde se vota directamente a los parlamentarios, estos pueden moverse con cierta autonomía, ya que no dependen tanto de su partido. Cuando aquí un partido llega al poder, el Legislativo se convierte en una correa de transmisión del Ejecutivo. El Parlamento hace lo que le dice el gobierno. La mayor parte de las iniciativas tropiezan con una mayoría absoluta rocosa, con un poder tremendo. Por esta razón, los políticos creen que pueden permitirse no rendir cuentas o no dar respuestas, porque si dicen la verdad se meterán todavía en más problemas y el desgaste será aún mayor. Como la experiencia dice que si la situación económica mejora mucha gente les perdonará lo que ahora les parece terrible, pues ahí están, esperando que pase la tormenta. Te pongo el ejemplo de Cospedal. Una mujer que a día de hoy es un cadáver político. Y lo es simplemente porque es la persona del PP encargada de dar las explicaciones. Y como las explicaciones que da son lamentables se ha quemado a una velocidad espeluznante. Y esta mujer era uno de los puntales del PP hasta hace cuatro días, con un perfil muy duro y que se expresaba bien. Mírala ahora. Pero ¿qué puede decir ante el caso Bárcenas?

Aguantar mientras se pueda…

Sí. Lo que ocurre es que el desgaste electoral está siendo brutal. Mantener esa actitud contribuye al cansancio de la gente. Ellos piensan, y cuando digo ellos no me refiero sólo al PP sino también al PSOE, que los votantes están ahí, pero es que hay votantes que se van y no vuelven. Mientras dure la crisis los ciudadanos van a seguir cabreados y eso juega en su contra.

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Se aprecia más una respuesta sincera de mea culpa que una mentira descarada. A nadie le gusta que lo tomen por tonto…

Aquí vuelve a salir la mediocridad de la clase política que hablábamos al principio. Los políticos aprenden a comportarse así y esta actitud se les refuerza con el argumentario que les reparten todas las semanas. No conciben una manera de obrar distinta, ya que todas las maniobras que les han llevado donde están se basan en esas estrategias, en ese lenguaje vacío. Ellos creen que, como siempre les funcionó, siempre será así. Además, ya se ha convertido en una especie de piloto automático. Ni siquiera tienen que razonar. Aquí incluso está más claro en el caso del PSOE que en el PP. Todo esto explica por qué los partidos minoritarios están subiendo. Yo creo que muchos votantes agradecerían cierta sinceridad y que incluso esta serviría para que les perdonaran muchos de los errores del pasado. Siguiendo con el PSOE… en los últimos años este partido ha perdido una gran cantidad de votantes. Algunos no volverán nunca. Otros podrían volver si el partido les diera señales positivas, pero resulta que dicen que de primarias nada, que no hay debate interno, que el liderazgo no se cambia por oscuras razones internas de partido que nadie conoce… ¿qué motivo vas a tener para volver a votarles?

Quizás sea ahora el momento propicio para que aparezca una figura que aporte cierta honestidad y sinceridad al discurso político.

Creo que hay un hueco electoral enorme para nuevos partidos políticos. En Italia ha aparecido un moviemiento anti política, el de Beppe Grillo, que se ha llevado el 25% de los votos. En Grecia se ha producido una atomización del partido socialista y a la izquierda del Pasok ha aparecido Syriza. En España nos falta algo así. El voto de derechas parece que se ha dividido un poco con la aparición de UPyD, pero el voto de izquierdas tiene las mismas opciones que hace cinco años. Yo creo que IU está subiendo mucho a pesar de la propia IU. Yo no creo que este partido se haya modernizado y se haya abierto lo suficiente a otras capas de la sociedad como para hacerse con todos esos votos. Se echa en falta un partido entre el PSOE e IU que sea de izquierdas pero con una visión más moderna de las cosas, menos atado a las costumbres asamblearias de IU, y que aproveche ese espacio electoral que sin duda existe.

Volviendo a las debilidades del sistema ¿Qué ocurre con los mecanismos de control ? ¿Quién vigila al vigilante?

La justicia está demostrando cierta autonomía. Yo jamás pensé que en el caso Urdangarín se llegara a donde se está llegando. Por otro lado están también los medios de comunicación. Aunque aquí siempre ha estado muy claro qué medios iban con qué partidos, sí que al menos tienen una agenda propia. Algunos incluso se atreven a criticar a “su” partido. Dicho esto, sigo pensando que en España no está bien delineada la separación de poderes. Este es un problema que hemos arrastrado siempre. Quizás el único juego de contrapoderes ha sido el estado autonómico, que ha creado gobiernos que en ciertos casos han podido hacer una política diferenciada de la que se marcaba desde el gobierno central. Fuera de eso, es verdad que el poder sigue muy concentrado. La falta de flexibilidad del sistema para fiscalizarse a sí mismo en una situación tan dramática como la que estamos viviendo puede degenerar en ruptura social.

En relación a esto hay voces que reclaman como única solución esa ruptura de la que hablas. Es decir, que el gobierno se vea obligado a dimitir por la gravedad del escándalo con unas consecuencias tales que nos veamos en la situación de replantear el sistema desde su base, incluso a nivel constitucional.

Yo ahí no sé qué pensar. Habría que ver en qué condiciones se da eso… Nunca se sabe quién podría tomar las riendas. Dicho esto, creo que se están generando movimientos ciudadanos muy interesantes basados en el debate y en compartir información. La capacidad de movilización de la sociedad civil estaba prácticamente desaparecida. A la vista de la situación, habría que llegar a un escenario parecido al que comentas, ya que la clase política no tiene una solución que darnos. A mí me preocupa en qué condiciones se va a llegar ahí. Por un lado, el gobierno no lo va a permitir tan fácilmente, por otro podría generar bastante conflictividad social, incluso con violencia… Habría que llegar a eso, pero de manera pacífica. Disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones para buscar una profunda modificación de la constitución, pero de forma pacífica.

 

La regeneración política pasa por una democracia más participativa. De eso no hay duda. Lo que no puede ser es que actuemos como si siguiéramos en el siglo XIX. Estamos en el siglo XXI y tenemos herramientas para mejorar la calidad de nuestra democracia. Esto es una lucha que está activa en estos momentos.

 

Hablabas de la capacidad de movilización de la sociedad civil. A mí me parece que la gente todavía no ha tomado conciencia de la importancia de su papel en todo esto.

Está empezando. Estos movimientos de masas se alimentan a sí mismos. El 15M y todos los movimientos adyacentes han conseguido meter en la agenda pública muchísimos asuntos. Por ejemplo, la reforma del sistema electoral es algo de lo que se habla hoy, cuando hace un tiempo no estaba tan presente. El hecho de contemplar reformas en profundidad no estaba sobre la mesa antes del 15M y la propia noción de salir a la calle en masa tampoco. Para propiciar todo esto hay que tener en cuenta el papel de las nuevas tecnologías. No sólo para organizar y coordinar las manifestaciones, sino para ver después el resultado de esas manifestaciones más allá incluso de la cobertura de los grandes medios. Por otro lado está la crisis, ya lo hablamos antes. Esto ha sido el detonante de todo.

¿La regeneración democrática pasa por el aumento de la participación de la gente en el proceso político?

Sin duda. Aquí las nuevas tecnologías también tienen mucho que decir, lo que pasa es que hay que tener ciertas precauciones. Estas tecnologías tienen un componente de fascinación que hace que mucha gente piense que están participando sólo porque hacen uso de ellas. La indignación virtual sirve para poco si se queda sólo en eso. Por otro lado, mucha gente se pregunta si todos estos movimientos de protesta sirven de algo sin una articulación política.

Cuando hablaba de participación no me refería sólo al uso de las redes sociales, sino a la utilización de la tecnología como vía para informar a los ciudadanos y que estos a su vez utilicen estos medios para que su voz se haga oir y tenga peso en el proceso de toma de decisiones.

La regeneración política pasa por una democracia más participativa. De eso no hay duda. Lo que no puede ser es que actuemos como si siguiéramos en el siglo XIX. Estamos en el siglo XXI y tenemos herramientas para mejorar la calidad de nuestra democracia. Esto es una lucha que está activa en estos momentos. La clase política hace oídos sordos al clamor popular porque ellos no tienen nada que ganar dando cabida a la voz de la gente. Ellos piensan que las demandas de ese clamor se pueden llevar por delante el sistema de partidos tradicional y la red clientelar de la que llevan viviendo desde hace muchos años. Su intención es que esto se calme, las cosas vuelvan a ser como antes y los ciudadanos se resignen y sigan votando cada cuatro años como lo han hecho siempre. Se genera la sensación de que no hay nada que hacer, que no se puede cambiar nada. Los ciudadanos no se pueden conformar con que la democracia se convierta en una dictadura que cada cuatro años se renueve con sólo dos opciones. La democracia es algo mucho más profundo que eso.

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