Jordi Calvo Rufanges / Annie Yumi Joh

Jordi Calvo es economista, pertenece al Centro de Estudios por la Paz JM Delàs donde comparte oficinas con el maestro Arcadi Oliveres. Annie Yumi Joh es coreana, licenciada en Filología Hispánica y Ciencia Política. Ambos practican el activismo accionarial, que viene a ser una forma legal de ponerse delante del presidente de una multinacional y sacarle los trapos sucios delante del consejo de administración, los accionistas y los medios de comunicación. Sí, al principio yo también pensé que eso no se podía hacer, pero se puede. Al menos de momento.
Por Antonio Montesinos

 
Los bancos guardan nuestros ahorros para luego negociar con él. ¿Sabemos qué hace el banco con nuestro dinero?
Jordi Calvo. No sabemos lo que hace el banco con nuestro dinero. Y si lo preguntamos no nos lo dice.

¿Nuestros ahorros sirven para financiar actividades ilícitas?

J.C. Que sepamos, todo lo que hacen es legal, otra cosa es que financien actividades éticamente cuestionables. Eso sí. Los bancos financian todas las actividades que rechazamos desde un punto de vista ético. Los bancos financian todo lo que da dinero. Sacan dinero de todos los negocios contaminantes que afectan a las poblaciones, del negocio de las armas, del negocio de la guerra. Cuando hay una guerra, quien se beneficia de lo que ahí está pasado y de lo que pasa después, son los bancos. Son actividades reprobables desde un punto de vista ético y no las podemos aceptar.

¿Podemos hacer algo para evitarlo?

J.C. Primero informarnos de lo que hacen los bancos, el problema es que la información es escasa. Ante eso habría que pensar que el banco que no nos informa es que tiene algo que ocultar. Una opción sería abandonar ese banco y acudir a las finanzas éticas y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos. Si una gran mayoría de ciudadanos pasara por sus bancos diciendo que se lleva el dinero a la banca ética porque no le informan de qué es lo que hacen con su dinero cambiarían muchas cosas.

Practicáis el activismo accionarial…

J.C. El activismo accionarial es una manera de tener incidencia social para influir desde uno de los espacios en los que nos dejan hablar y desde los que hacernos oir como espacio nuevo, en este caso desde dentro de las empresas. El objetivo es hablar no sólo a la gente que está allí en la junta general de accionistas, sino también hacer uso de las reacciones que allí se produzcan para sensibilizar a la sociedad y tener otro tipo de influencia, en este caso política.

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¿Qué se necesita para participar en una junta general de accionistas?

J.C. Es necesario ser accionista. En mi caso compro una acción del Santander, el BBVA o el banco que corresponda y ya puedes asistir. Otro asunto es tomar la palabra… Para eso se necesitan, en el caso del Santander, 500 acciones que cualquiera te puede ceder. El accionista es el propietario de la empresa y por ello puede opinar en ese espacio.

Annie Yumi Joh. Depende de cada empresa. Hay que tener un número de acciones durante un tiempo. En el caso del Santander no hace falta ser accionista, basta que cualquiera de ellos delegue en mí sus acciones. Las acciones las conseguimos a través de simpatizantes que están de acuerdo con nuestras acciones. Lanzamos una propuesta a nuestros contactos y de ahí nos van llegando bastantes apoyos. También existen inversores éticos y congregaciones religiosas que nos apoyan.

¿Qué contáis allí?

A.Y.J. En este caso (Santander, 2011) hemos contado la inversión que hace el banco, unos mil millones de euros, en armas prohibidas y controvertidas.

J.C. Nosotros investigamos sobre la producción y el comercio de armas, uno de los aspectos más indeseables de nuestra sociedad, algo que queremos que se acabe. El objetivo que tenemos es denunciar el papel de los bancos, su responsabilidad en este mercado de producción y venta de armas. En este caso la relación entre el Banco de Santander y los fabricantes no sólo españoles, sino también internacionales.

Imagino que cualquiera no se pone delante de Emilio Botín a decirle que su banco invierte en negocios sucios sin saber lo que dice. ¿De dónde sacáis la información y qué fiabilidad tiene?

J.C. La información está sacada de bases de datos y fuentes informativas de máxima fiabilidad: Prensa económica, medios relacionados con la industria militar, memorias económicas de las empresas y los bancos… Por otro lado existen bases de datos de carácter financiero y empresarial donde se acumula este tipo de información obligatoria que las empresas tienen la obligación de proporcionar. Estas bases de datos suelen ser de pago y otras son de libre acceso desde la universidad.

A.Y.J. Para nosotros la credibilidad es una de nuestras armas más importantes. Invertimos bastante dinero en pedir ayuda a un centro de investigación con sede en Holanda llamado Profundo. Allí tienen experiencia de muchos años en investigación económica. Buscan en distintas bases de datos internacionales como pueden ser Bloomberg, Reuters y otras sobre las inversiones de los distintos bancos en empresas de armamento. El coste de acceso a esas bases de datos es muy elevado y su manejo está reservado a especialistas por eso encargamos el trabajo a la gente de Profundo. Una vez con la información en nuestro poder la enviamos a los bancos para que sepan lo que les vamos a contar. Básicamente es por ser coherentes con nuestras demandas. Si les pedimos transparencia a ellos es normal que nosotros también la tengamos. No tuvimos respuesta.

La banca no se caracteriza precisamente por su transparencia…

J.C. La banca se ha dado cuenta de que la sociedad tiene un comportamiento como consumidora cada vez más responsable, por eso intenta mostrar al público sólo aquella información que les pueda beneficiar y el tema de las armas no es precisamente un asunto agradable. Esto lo ocultan al máximo. Ninguno de los bancos que invierten en armas y a los que hemos ido a protestar jamás nos dio ningún dato de sus actividades en este sentido, simplemente se defienden de los datos que nosotros hemos conseguido por otras vías.

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¿Se han puesto los bancos en contacto con vosotros en relación a vuestras intervenciones?

J.C. No mantenemos ningún contacto más allá de llamar al teléfono de atención al accionista para conocer los cuatro detalles sobre los que se desarrollará la junta. Sí es verdad que algunos días antes del acto, el banco se ha puesto en contacto con nosotros para decirnos que están dando pasos para mejorar su política de autocontrol en este asunto, algo que por cierto es totalmente falso a tenor de los datos que manejamos. Suponemos que es una estrategia dirigida a amortiguar un poco nuestra intervención. Esto lo han hecho durante un tiempo hasta que han visto que no conseguían sus objetivos. Ahora ya no lo hacen. Por cierto, me estoy refiriendo al BBVA, del Santander nunca hemos tenido noticias. En alguna ocasión el BBVA ha llegado a decir en la propia junta de accionistas que investigarían el asunto y que si encontrasen algo lo cambiarían, pero quedó ahí. Aparte de eso jamás hemos tenido otro tipo de contacto. Esto demuestra la poca fiabilidad que tienen las intervenciones de una junta general de accionistas.

¿Podríais contarme con detalle cómo se desarrolla el día de vuestra intervención desde que llegáis al palaciode congresos hasta que salís de allí?

A.Y.J. Son muchos nervios. Ese día somos los bichos raros. La primera vez que fui me vi inmersa en un mar de trajes con corbatas rojas. No vi apenas mujeres, yo era la única mujer y además extranjera. Conforme entraba, allí habría unas 4000 personas, todo el mundo giraba la cabeza para mirar. Sinceramente nos sentimos un poco desplazados. Hay algunas personas que nos miran con cara extraña, pero siempre hay gente, accionistas incluso, que se nos acercan a darnos ánimo incluso a decirnos que no sabían que lo que nosotros contamos estaba pasando. Algunos incluso nos ha llegado a dar su número de teléfono para colaborar y ceder sus acciones para la siguiente junta.

J.C. Una vez acreditado entras al palacio y te diriges al punto de atención al accionista. Allí te informan de todo con suma amabilidad, ya que los accionistas son tratados como si fueran lo máximo. Te dan un regalo y te acompañan donde tienes que participar. Al principio tienes miedo de que puedan reconocerte por lo que vas a hacer y que te digan que no entras, pero nunca ha pasado porque tienes derecho a entrar. Con tus acciones en la mano no te lo pueden negar. El BBVA te pone al lado una persona de seguridad porque quizás piensen que en Bilbao pueda haber más protestas, como alguien que quiera tirar pintura o cosas parecidas. El Santander no hace un marcaje tan cercano, sólo te pone una persona de enlace que es con la que te relacionas para que te den tu turno de palabra. No es un proceso complicado y la gente que te atiende, sorprendentemente, se puede decir que es amable.

Quizás el momento más tenso es antes de que te llamen para salir, ya que en ningún momento sabemos el orden que nos tienen asignado. Van llamando y tienes que estar preparado. Como la distancia entre la sala de espera y el micrófono es considerable, esos momentos que transcurren mientras recorres el camino sirven para acumular nervios, sobre todo la primera vez que intervine. Además, sabes que vas a soltarle en la cara al señor Botín una serie de reproches que sabes que le molestan, no sabes si se va a sentir cómodo y es duro que estén criticando a tu banco en un momento en que aquello es una fiesta. Es duro que te digan que parte del dinero que se está repartiendo entre los accionistas está manchado de sangre porque ha financiado la producción de armamento. Es una mezcla de emociones, de nervios, de la ilusión de hacer algo que crees que puede tener una influencia en la gente que está allí y en la gente de fuera que después lo va a ver. Y un poco de miedo. Miedo porque allí el poder no lo tienes tú, el poder lo tiene Emilio Botín, que en un momento dado podría decir que tú no hablas y que te echen a la calle, pero hasta ahora no se ha portado mal, nos ha dejado hablar.

¿Cuál es la reacción de los asistentes?

J.C. En las primeras intervenciones, cuando nadie lo esperaba, nos sorprendió mucho que nos aplaudieran bastante. El mensaje que parecían entender era que, aparte de ganar mucho dinero, tenemos que ser una empresa más ética. Cuando fueron pasando los años y comprendieron que aquello era mucho más, que se trataba de una protesta muy seria de la sociedad civil ya no hubo aplausos. La mayoría aguantaba los reproches y, quién sabe, si hay más de uno que se sintiera mal. Así que el apoyo ha ido disminuyendo. La que sí nos suele apoyar es la gente que trabaja por allí, que son contratados de un solo día que en un momento dado te dicen: “Muy bien”.

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Evidentemente, Emilio Botín lo niega todo…

A.Y.J. La primera vez que hicimos esto fue para denunciar unas operaciones del Banco Santander en Brasil que iban a afectar a muchas comunidades indígenas de la zona. La respuesta de Botín ese día fue bastante concreta, incluso llegó a decir que sería él quien personalmente se ocuparía de tratar ese asunto con su banco en Brasil. Nos consta, por la conexión que tenemos con otras ONG en Brasil, que esto fue así y que a partir de ese momento el Santander puso en marcha sus programas de responsabilidad social corporativa. En aquel momento sí sirvió para algo, pero en las siguientes juntas no ha pasado lo mismo. Se han limitado a negar los datos que presentábamos cuando estos son de la máxima fiabilidad, proceden de distintas bases de datos de reconocido prestigio y es información contrastada.

J.C. La negación de Emilio Botín era esperada. Allí tiene que hacer una escenificación de que el banco es lo mejor porque eso es lo que luego recogerán los medios de comunicación. Emilio Botín evita salirse de tono de cara a los medios. Su negación es esperable, pero es que además es mentira. Cuando niega está mintiendo a sus accionistas y a todo el mundo que está viendo aquello, porque los datos que tenemos son reales. Estamos diciendo que el Banco Santander invierte en armamento con nuestros informes en la mano. Está negando una verdad absoluta, lo que ocurre es que siempre encuentran la manera de decir que no invierten de esa manera en ese tipo de empresas que invierten en ese tipo de armas. Claro, pero eso es en un 1% de los casos, en el restante 99% no. Pero yo creo que les duele. Si hay algo que me gusta es que Emilio Botín se sienta mal por mentir, por asumir que no está haciendo las cosas bien, que está haciéndose rico gracias al sufrimiento de muchas personas que padecen la violencia armada.

Tras la respuesta del presidente no hay derecho a réplica, si lo tuviérais ¿qué diríais?

A.Y.J. ¿Vale todo para ganar dinero? ¿Vale no respetar convenios internacionales? ¿Vale invertir en armas que hoy están matando mujeres, niños y población civil por todo el planeta? ¿Está vd. tranquilo ganando dinero con negocios sucios? El Banco de Santander maneja en activos una cantidad superior al PIB español. Con estos datos está claro que Botín tiene más poder que el mismo gobierno de España. Hay que poner las bases para regular esto.

¿Habéis sufrido algún tipo de represalia después de vuestras intervenciones?

J.C. No, la verdad es que nunca ha pasado nada. Y de hecho es inteligente. La mejor estrategia por parte del banco es ningunear, ignorar, porque cuanto más hablaran de nosotros más publicidad tendríamos y más les afectaría. Es normal que no quieran hablar de ello.

A.Y.J. Nunca ha pasado nada. Si lo piensas, estamos denunciando a catorce bancos en España por sus negocios con las armas, por lo que te entra algo de miedo, pero es nuestra labor, nuestra responsabilidad. Además, la gente tiene el derecho a saber. Nosotros buscamos información y la damos a conocer.

¿Cómo se han portado los medios de comunicación?

A.Y.J. Al principio los apoyos fueron prácticamente nulos, fue casi imposible aparecer en la prensa. Entendemos la servidumbre de los medios con la banca. De hecho los periodistas nos comentaban lo interesantes que le parecían nuestras acciones pero sus jefes de redacción les impedían publicarlo. Menos mal que existe Internet. Sin Internet lo que hacemos no serviría de nada. No tenemos recursos para hacer spots en tv, ni cuñas de radio… invertimos ese dinero en investigación. Internet ha sido fundamental.

J.C. Cuando lanzamos la campaña BBVA sin armas fue la primera vez que hacíamos algo de esto. Dimos una rueda de prensa y vinieron muchos periodistas. Muchos.  Eso nos animó en un principio. Al día siguiente ninguno dijo nada, excepto el Periódico de Catalunya que publicó una escueta nota. Por otro lado, tras las juntas de accionistas los medios publican una crónica de lo que allí pasó. Hablan de las palabras del presidente, de los números, del mensaje político, que también lo hay, y por último de las anécdotas, que es donde entramos nosotros. Con el paso del tiempo hemos tenido mayor cobertura.  De hecho, EL PAÍS no llegó a ponernos en el titular pero sí en un destacado diciendo que el banco iba a hablar con nosotros después de la intervención. Los medios van perdiendo el miedo a hablar de una realidad que está ahí. Quizá se están sensibilizando más. De todas formas, de momento creo que todo esto no saldrá del episodio de anécdotas. Todos sabemos que los medios dependen de sus anunciantes y tanto los grandes bancos como los pequeños tienen una gran cuota publicitaria con todos los medios. Nadie muerde la mano que les da de comer. La alternativa es no centrarnos en si salimos en los medios o no sino hacer lo que tenemos que hacer, decir lo que tenemos que decir y difundirlo a través de nuestros propios medios, nuestros propios artículos y nuestras redes sociales. Al final lo lee mucha más gente.

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¿Por qué hacéis esto?

J.C. Trabajar en una organización de la sociedad civil que se dedica a desmontar la militarización, denunciar donde está el negocio de las armas y las guerras es algo que todo el mundo coincide en que debe terminar. Yo me pregunto cómo puedo contribuir a esto desde el lugar que me ha tocado, o en el que me puedo situar, para cambiar el sistema. Este sistema, el sistema injusto que es el capitalismo que nos lleva a la crisis y al sufrimiento que hay en todo el mundo, se basa en la economía, el control político y el control militar. Eso salta a la vista por las invasiones de la OTAN y todos sus movimientos. Atacar uno de los pilares de ese sistema, desmontarlo y hacerlo comprender a la gente es una muy buena manera de ejercer la crítica y proponer algo mejor. Todo este trabajo forma parte de lo que yo llamaría trabajar por la paz. Trabajar por la paz es trabajar contra la guerra, contra los que financian las armas, contra los responsables de que se fabriquen, se vendan y se utilicen allá donde hay conflictos. Esa es una manera de acercarse a un mundo en paz, que en el fondo, es lo que todos queremos.

A.Y.J. Siempre me ha llamado la atención el abuso de poder. Quizás esa fue la causa por la que estudié ciencias políticas. Cuando conocí la relación de los Estados Unidos con centroamérica me indigné bastante, igual que lo que está ocurriendo hoy con la banca y las grandes empresas que se aprovechan de las legislaciones laxas de algunos países para no pagar impuestos, destruir el medio ambiente… Me parece necesario sacarlo a la luz. Creo que hay que hacer algo para equilibrar esto y empoderar de alguna manera a la gente que sale desfavorecida de esta situación.

¿Merece la pena?

A.Y.J. Hay veces que te lo preguntas. Después de tanta investigación, de tantas horas organizándolo todo, de viajar hasta Santander, pasar por los nervios de la junta y ver la respuesta de Botín… piensas si ha servido de algo. Cuando lo vuelcas todo en las redes sociales te das cuenta de que sí. La respuesta de la gente ha sido estupenda. Hay muchísimos comentarios y los vídeos que colgamos tienen un éxito tremendo. Quizás no hayamos  conseguido que el banco reconozca que hay algo que está haciendo mal, igual ahí tenemos que ir paso a paso, pero sí que nos ha servido para llegar a más gente y afianzar el mensaje en la ciudadanía.

J.C. Sí. Merece la pena. Hay veces en la vida en las que puedes sobervivir viviendo de estas cosas y cuando te das cuenta de que más no es necesario el resto te viene de la participación, de conocer gente, de hacer cosas interesantes… En este sentido merece mucho la pena. Estás aportando tu granito de arena para que las cosas puedan cambiar. Tenemos dos opciones: callar, trabajar y acumular dinero para gastarlo cuando nos abran el centro comercial o abrir la boca, tener tu propia opinión y contarla en todo momento que se pueda. Si opináramos todas las personas que tenemos las opiniones que ya tenemos y las compartimos yo creo que todo sería diferente. Si nos posicionáramos, nos significáramos, dijéramos lo que pensamos, los partidos políticos tendrían otros programas o directamente habría otros partidos distintos. Otra democracia, quizá.
Estas acciones que protagonizáis no dejan de ser algo nuevo y pueden llegar tener un impacto considerable en la gente. Nunca antes nadie se había atrevido a reprocharle a un personaje tan poderoso sus malas prácticas y menos en un día tan señalado, públicamente y con la presencia de los accionistas y los medios de comunicación. ¿Los tiempos están cambiando?

A.Y.J. Nosotros queremos creer que sí. Un punto de inflexión importante es la crisis financiera. Nos estamos dando cuenta de que muchas cosas han fracasado. Hay una crisis de valores. Todo no vale, esta codicia desenfrenada tiene un coste a corto plazo, tenemos que dar valor a otras cosas que no tienen precio… Tenemos que hacer que todo aterrice en lo cotidiano, en el día a día de las personas. Es verdad que la indignación general está haciendo que mucha gente que antes no se preocupaba de ciertas cuestiones ahora se esté informando sobre el funcionamiento de los bancos y otras muchas cosas. Sí es verdad que algo está cambiando, pero este tipo de cambios tiene que producirse de manera paulatina y segura.

J.C. Yo diría que la sociedad ahora se está acostumbrando a ejercer sus derechos en democracia. No estamos educados para participar democráticamente. Llevamos 30 años en un marco en el que nuestros padres no saben que podemos hacer ciertas cosas y ahora estamos descubriendo que podemos hacerlas. Este aprendizaje de que tenemos el derecho de utilizar políticamente la democracia también en nuestro beneficio, de opinar, de decir lo que pensamos es algo más nuevo. Puedo salir a protestar y no me pasa nada, puedo hacer tal tipo de acción y no me pasa nada… Incluso es bueno. Este sí que puede ser el cambio que se está dando. Estamos perdiendo el miedo a participar y a opinar. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte y esto sí que es nuevo. En esta década estamos viendo que podemos participar de la democracia perdiendo el miedo y esto puede abrirnos unas perspectivas más optimistas de las que hemos tenido hasta ahora.

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